Parece que hemos llegado al momento culminante en el ministerio de Cristo cuando Pedro declara con autoridad que Jesús es el Mesías tanto tiempo esperado. Ellos han visto su poder en muchas ocasiones con prodigios inexplicables humamente. Lo lógico hubiera sido encaminarse a Jerusalén para entronizar al verdadero y legítimo Rey en el trono de David. Sin embargo, Jesús desvarata los anhelos de los discípulos con unas palabras que los dejan absolutamente perplejos. Marcos 8:29-38.

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