En los momentos de dificultad, de persecución o de tribulación, no es tiempo para descansar o intentar evadirnos. Es precisamente en esos momentos cuando más necesitamos predicarnos a nosotros mismos el Evangelio de la salvación. Las verdades poderosas de la Palabra son para todos y cada uno de los días de nuestra vida. El Evangelio me salvó cuando creí por primera vez, me salva cada día y me salvará final y definitivamente en el futuro. 1 Pedro 1:1-17.

Escuchar