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El sufrimiento es inherente a la vida humana. Todos experimentamos, más tarde o más temprano, experiencias dolorosas. Pérdidas, enfermedades, accidentes, desengaños, traiciones, quebrantos económicos y muchas más situaciones difíciles se nos presentan en los momentos más inesperados. El apóstol Pedro, que ha vivido muchas de estas situaciones, escribe su primera carta a un grupo de cristianos que están enfrentando la persecución por causa de su fe. Él les enseña, y a nosotros con ellos, el amor y el cuidado de Dios Padre con sus hijos, también en esos dolorosos momentos. Y como todo contribuye para nuestro beneficio final. 1 Pedro 1:3-9.