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    NO ME AVERGÜENZO DEL EVANGELIO

    Parece ser que entre los cristianos romanos se había extendido la idea de que Pablo no se atrevía a ir a Roma porque allí estaban los más afamados oradores y filósofos y que él les temía. Algún tiempo antes Pablo había estado hablando en el Areópago de Atenas con los filósofos griegos y estos desdeñaron su mensaje y pronto dejaron de escucharlo. Sin embargo, Pablo hace una valiente defensa del Evangelio y de la fe cristiana en esta carta que contiene algunas de las verdades más potentes y liberadoras del mensaje cristiano. La fuerza del Evangelio no reside en su lógica, o en el hecho de que sea una fe razonada y razonable. La fuerza del Evangelio está en el hecho de que contiene el poder de Dios para transformar las vidas. Y este no es una invención de la sabiduría humana, sino que es una creación de Dios. Tan es así, que sólo aquellos que han sido ordenados por Dios para comprenderlo, son los únicos que realmente pueden entenderlo y aceptarlo al haber sido transformadas sus mentes por Dios mismo. Romanos 1:13-17.