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    NUESTRA FELICIDAD ES HACER LA VOLUNTAD DE DIOS

    Cuando murió Moisés, Dios escogió a Josué para que lo sucediera en el liderazgo al frente del pueblo. La empresa que tenían por delante era no solo difícil, sino humanamente imposible. La conquista de la tierra prometida suponía un reto imponente para un pueblo de esclavos que no estaba entrenado para la guerra. Dios comisiona a Josué para esta tarea y le hace dos promesas para llevar a cabo tamaña hazaña. Pero también le da dos órdenes específicas. Al igual que Josué y el pueblo de Israel, nosotros también enfrentamos situaciones para las que nos vemos completamente incapacitados e impotentes. Cuando obedecemos y nos apropiamos de las promesas del Señor, comenzamos a comprender que ahí es donde está la fuente de nuestra auténtica felicidad. Josué 1:1-9