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En este capítulo seis de Juan encontramos a una multitud buscando a Jesús. Desgraciadamente son muchos los que se acercan a Él sólo de manera utilitaria. Es decir, buscan a Dios sólo por lo que Él les puede dar. Un trabajo que te hace falta, una sanidad que anhelas, un futuro prometedor, una pareja, un sentido de significado, una meta noble que alcanzar y muchas otras cosas que en sí mismas no son malas, pero que son el verdadero objetivo de tu alma. Así estamos degradando a Dios convirtiéndolo en una especie de genio de la lámpara al que acudimos para alcanzar lo que necesitamos o deseamos. Y en este caso particular se trata de algo tan perentorio y pasajero como llenar el vientre. La multitud buscaba a Jesús para saciar su hambre física, y eso precisamente fue lo único que alcanzaron. Pero hay un hambre mucho mayor, más profunda y necesaria que saciar, el hambre del alma que sólo podemos saciar si acudimos a Jesús con una fe auténtica y sincera. Juan 6:1-71.