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    UNA IDENTIDAD, UNA MISIÓN

    Hoy examinamos la identidad espiritual de los creyentes a través de la primera carta de Pedro. Veremos que comprender quiénes somos es indispensable para descubrir nuestro propósito vital. El pueblo de Dios es un linaje escogido, un real sacerdocio, una nación santa y un pueblo adquirido, conceptos arraigados en el Antiguo Testamento y cumplidos mediante la obra de Jesucristo. Asimismo, enfatizamos que esta nueva condición no se basa en méritos propios, sino en la gracia divina y en el costoso rescate de la sangre de Cristo. Este reconocimiento debe impulsarnos a vivir de acuerdo con nuestra posición celestial, anunciando públicamente las virtudes, el amor y la grandeza de Dios en medio de un mundo hostil. 1 Pedro 2:9