LA VIDA QUE BENDICE

¿Qué relación existe entre el amor, el trabajo y la esperanza cristiana? ¿Cómo se manifiesta la constancia en la esperanza en medio de la tribulación? Hoy analizamos la vida ejemplar de nuestros hermanos tesalonicenses de los que el apóstol Pablo destaca tres cualidades que nos retan en nuestra fe actual. Ellos son un espejo en el que nos podemos mirar para comparar nuestra vivencia cristiana con la de ellos que estuvieron dispuestos a sufrir persecución. La vida que bendice a Dios y a los demás se caracteriza por una fe genuina que produce frutos del Espíritu, un trabajo motivado por el amor a Dios y una constancia en la esperanza de la venida de Cristo. Al meditar en el amor inagotable de Cristo, la obra redentora en la cruz y la esperanza gloriosa de su regreso, el creyente se llena de gratitud, se siente amado y bendecido, y encuentra la motivación para perseverar en el servicio y la proclamación del Evangelio. 1 Tesalonicenses 1:2-10.

VELEMOS Y SEAMOS SOBRIOS

En los primeros días de la Iglesia ya hubo muchas enseñanzas falsas que confundían la fe de algunos. Pablo escribe esta carta precisamente para atajar esas falsas doctrinas que comenzaban a circular por las iglesias. El mensaje se había comenzado a espiritualizar y amenazaba con acabar destruyendo la fe una vez dada. Algunos empezaron a afirmar que Jesús no había resucitado físicamente, sino que había sido una resurrección «espiritual» y que Jesús en realidad solo seguía vivo en la mente de los creyentes. Pero desgraciadamente hoy en día también hay algunos «cristianos» que enseñan una fe espiritualizada y «actualizada» despojando así al Cristianismo de la esperanza de la vida de resurrección. 1 Tes. 4:13-5:11.