DEL LLANTO AL CANTO

El apóstol Juan lloraba al ver que nadie podía abrir el libro ni desatar sus sellos, en la visión que tuvo durante su arresto en la isla-cárcel de Patmos. Años atrás, también los otros discípulos de Jesús un viernes de Pascua lloraron amargamente al saber de la crucifixión y muerte del Maestro. El sufrimiento, el dolor y el llanto que estos nos producen son inherentes a la vida; pero debemos ser capaces de levantar nuestra mirada de las circunstancias dolorosas, para mirar las realidades eternas que están más allá de esos momentos tristes. Solo tres días fueron suficientes para cambiar el llanto inconsolable de los discípulos, en un canto de jubilosa alabanza. Jesús resucitó, y ese hecho cambió para siempre sus vidas. Apocalipsis 5:5-13.

POBRE, DESNUDA Y CIEGA

La situación espiritual de la iglesia de Laodicea era ciertamente lamentable. Siendo pobre y estando desnuda y ciega, sin embargo ella se veía a sí misma como rica y poderosa pensando que no necesitada nada ni a nadie. Esta iglesia es un auténtico paradigma de muchas iglesias del siglo XXI. Pensando que lo tienen todo y que hacen lo que a Dios agrada, sin embargo están muy lejos de Él porque han dejado a Jesucristo afuera. La visión que nos muestra esta carta de Jesucristo llamando a la puerta es a la vez patética y gloriosa. Patética porque revela el estado digno de lástima que presentan algunas que se creen ricas y espirituales. Y gloriosa porque muestra el amor y la misericordia infinitas del Señor que sigue llamando a la puerta esperando nuestra respuesta. Apocalipsis 3:14-22.

UNA VISIÓN DEFINITIVA

El apóstol Juan estaba viviendo sus últimos días en un lugar terrible y en unas condiciones de vida deplorables. En medio de dificultades, pruebas y situaciones que le superaban, él supo bien hacia dónde debía mirar. Nosotros deberíamos también dirigir nuestra mirada a Aquel que está por encima de todos nuestros problemas y angustias. Él, que había convivido con el Verbo encarnado, que le había escuchado y le había visto hacer milagros y prodigios, necesitaba aun, igual que lo necesitamos nosotros, tener una nueva visión del Cristo resucitado. Apocalipsis 1:8-20.

19 – EL CLAMOR DE LOS ENAMORADOS

Finalizamos hoy con esta serie de mensajes basados en el libro de Apocalipsis. La profecía de Juan termina con estas emotivas palabras: «Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús.» Apocalipsis 22:6-21

18 – CONSUMACIÓN

En esta nueva entrega de la serie de predicaciones sobre el libro de Apocalipsis llegamos al momento culminante de la Historia de la humanidad. Contemplamos la consumación del plan redentor de Dios en lo que se denomina la Nueva Jerusalén o Ciudad celestial. Contemplaremos la belleza de la morada de Dios con los hombres cuyo autor y arquitecto es Dios mismo. Apocalipsis 21:1-27; 22:1-5.

17 – EL JUICIO FINAL

Puede gustarnos o no la idea, pero la Palabra de Dios anuncia en muchos lugares, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, que habrá un día final de juicio. En ese día todos, grandes y pequeños, poderosos y humildes, ricos y pobres tendremos que dar cuenta de nuestros actos, palabras, pensamientos e intenciones. Apocalipsis 20:11-15; Hechos 17:30-31.

16 – LA SENTENCIA DE SATANÁS

Después de que el jinete que monta el caballo blanco, cuyo nombre es EL VERBO DE DIOS, haya eliminado a todos sus enemigos, le queda finalmente por vencer al último de ellos: el dragón escarlata. La mente que está detrás de todos los sistemas o formas de maldad. Apocalipsis 20:1-10.

15 – EL FIN DE LAS BESTIAS

Ya hemos visto en los mensajes anteriores los juicios de Dios sobre los moradores de la tierra, sobre Babilonia y llega el momento de contemplar la derrota de las dos bestias. En este relato sobresale una figura imponente, se trata de un jinete que monta un caballo blanco y tiene un nombre sobre su muslo: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES. Apocalipsis 19:11-21.

14 – LA RUINA DE BABILONIA

Y me llevó en el Espíritu al desierto; y vi a una mujer sentada sobre una bestia escarlata llena de nombres de blasfemia, que tenía siete cabezas y diez cuernos. Y la mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, y adornada de oro, de piedras preciosas y de perlas, y tenía en la mano un cáliz de oro lleno de abominaciones y de la inmundicia de su fornicación;
y en su frente un nombre escrito, un misterio: BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA. Apocalipsis  17, 18 y 19.

13 – LA IRA DE DIOS Y EL CÁNTICO DE LOS REDIMIDOS

El énfasis que se hace actualmente en las bendiciones que Dios ofrece, las ofertas del Evangelio, puede hacernos perder de vista que el Dios de la Biblia no es un venerable y condescendiente anciano como algunos insisten en presentarlo. Dios es amor, eso es cierto, pero también es fuego consumidor. Nunca deberíamos perder de vista este equilibrio tan necesario y sano. Dios es misericordioso, pero también es Juez justo. Apocalipsis  12 al 14.