EL PREFERENTE ASUNTO DE MI ALEGRÍA

El Salmo 137 nos enseña que Dios no espera que ocultemos nuestras emociones. Podemos llevarle incluso nuestra ira, nuestro dolor y nuestros deseos de justicia. La Biblia no idealiza a sus personajes ni censura sus sentimientos; los presenta con toda su crudeza. Lo importante es que esos sentimientos se expresan delante de Dios, para que Él sea quien juzgue, en lugar de convertirnos nosotros en ejecutores de la venganza. Este salmo da voz al sufrimiento extremo de un pueblo devastado y recuerda que el anhelo de justicia, cuando se deposita en las manos de Dios y no en la violencia personal, ocupa un lugar legítimo en la experiencia de la fe. Salmo 137.

AMOR INFINITO

Amor infinito – Salmo 106:6-8 – Abraham Sanz

El escritor del Salmo 106 va recordando los hechos poderosos de Dios a favor de un pueblo que es rebelde y que se queja continuamente de Dios, a pesar de que han visto los prodigios que éste ha hecho en Egipto. Con su actitud de falta de fe e ingratitud demuestran que no aman a Dios a pesar de todo lo que ha hecho por ellos. El problema de este pueblo, y también de cada uno de nosotros, es que creían, al igual que nosotros creemos, que sabían lo que era mejor para ellos. Perdían de vista que los planes del Señor siempre, siempre, siempre son mejores que los nuestros. Olvidaron que Él ve el final desde el principio, cuando nuestra vista, en cambio, es muy corta. Perdieron de vista, como también nos ocurre a nosotros muchas veces, la inmensidad del amor infinito de Dios. Salmo 106:6-8.

HOREB, FE EN EL CRISTO CRUCIFICADO

Hoy admiramos la grandeza inigualable de nuestro Dios recordando sus hechos portentosos recogidos en el Salmo 114. El salmista utiliza un recurso poético al personificar al mar, al río Jordán y a las montañas y al preguntarles, ¿qué visteis, qué presenciasteis que os hizo retroceder? ¿Qué, o mejor dicho, quién puede hacer que el mar se espante y que el río retroceda o que los montes tiemblen? Viajemos en el tiempo y visitemos al pueblo de Dios en su salida de Egipto para contemplar los hechos maravillosos que ocurrieron y cómo el Espíritu de Dios sigue obrando hoy en la vida de sus hijos.

¡ALELUYA!

El Salmo 113 es uno de los cantos que tradicionalmente se cantaban durante la Pascua en Israel. En él encontramos un mandato y las razones para obedecer ese mandamiento. Exploramos el significado profundo de la palabra «aleluya» como una aclamación a Dios, contrastando su uso común y a veces vanalizado con su verdadero sentido de alabar al Señor con auténtico fervor. Aprendemos que la alabanza debe ser una forma de vida constante, no limitada a momentos específicos. Entraremos en la singularidad de Dios, quien en su grandeza se humilla para acercarse a su creación, especialmente a los humildes y más necesitados. Utilizando las ilustraciones del muladar y la mujer estéril del salmo, el pastor conecta estas ideas con la obra de Cristo en el Evangelio, quien se humilló para elevar a los que estaban en la miseria del pecado y hacerlos parte de la familia de Dios, instando a los creyentes a ser conscientes de esta realidad y a vivir una vida de alabanza sincera. Salmo 113:1-9.

EN EL DÍA MALO

Todos pasamos por lo que la Biblia denomina «el día malo». Son periodos de gran dificultad en los que nos sentimos como abandonados por Dios. En esos momentos sentimos que le hemos fallado a Dios y a los demás y que no merecemos nada más que el juicio y el castigo divino. El rey David también experimentó momentos así, como aquel en el que escribió el Salmo que hoy estudiaremos. Su propio hijo Absalón se levantó contra él dando un golpe de estado. David huyó de Jerusalén acompañado por su familia y los hombres que le eran leales. Salió llorando y con el corazón destrozado. En el Salmo 3, que escribió durante este tiempo, dejó registrado cómo salió de tan penosa situación. Salmo 3.

DE LA CUEVA AL CIELO

Todos, más tarde o más temprano pasamos por días de prueba. Cuando las sombras de la enfermedad, o el quebranto financiero, o la crisis familiar, o la muerte de algún ser querido atenazan nuestra alma y nos sentimos atrapados en una cueva oscura y fría. La angustia, la tristeza, la soledad, el dolor, la incomprensión o la traición llegan a quebrantar nuestra alma. ¿Dónde acudimos en búsqueda de alivio y descanso? ¿Cuál es nuestra oración, cuál es nuestra canción? David, el rey escogido por Dios para liderar a su pueblo, vivió varias experiencias de este tipo. Y en el Salmo 57 que hoy analizaremos, podemos ver cómo él abre su corazón y nos muestra el camino para superar estos momentos de angustia. Salmo 57.

GUSTAD Y VED QUE ES BUENO EL SEÑOR

El Salmo 34 fue escrito por el rey David en un momento de gran peligro para su vida y de una profunda humillación. Sin embargo, vemos que David decide alabar al Señor “en todo tiempo”. Así también nosotros haríamos bien en seguir su ejemplo. No sólo debemos alabar a Dios cuando las cosas nos van bien y todo es fácil, sino que la alabanza debe ser una forma de vida en nosotros de manera que las circunstancias, por negativas que sean, no puedan apagar nuestra gratitud y nuestro reconocimiento al Señor, quien nos ha dado todo lo bueno que podemos disfrutar en esta vida, y en la venidera, sólo y exclusivamente por su gracia. Si nunca has experimentado el amor y la bendición de Dios, ven y ve. Ven y prueba, ven y gusta, comprobarás que el Señor bueno, muy muy bueno. Salmo 34:1-22.

LA HERMOSURA DEL SEÑOR

En el mundo acelerado y profundamente caótico en el que vivimos saltamos continuamente de una actividad a otra casi sin pensarlo y casi sin ser plenamente conscientes de que muchas veces actuamos por inercia. David en el Salmo 27 nos ayuda a enfocarnos en lo que realmente importa, en lo esencial, lo primordial, lo auténticamente necesario. Como hijos de Dios estamos llamados a tener bien claras nuestras prioridades y a hacer los ajustes necesarios para que lo que debe ocupar el primer lugar no sea desplazado por una multitud de intereses, necesidades, deseos, gustos o incluso caprichos. David decidió bien, María hermana de Lázaro decidió bien, Pablo decidió bien ¿y tú qué vas a hacer? Salmo 27:4.

VERÉ TU ROSTRO EN JUSTICIA

David es un hombre de oración. Para él orar es como respirar, algo que hace de manera continua y constante. Así que la causa que lo lleva a orar no fue su angustia o peligro, sino su hábito de presentarse continuamente delante del Señor y hablar con Él. La oración de David no es una oración cualquiera, es un clamor. Denota un grito desgarrador, como el grito de un animal que cae presa de su depredador, o el de un recién nacido cuando llora por primera vez. David reconoce que ha podido mantenerse en el camino de Dios, el camino correcto, porque Dios lo ha sostenido por medio de su Palabra. Salmo 17.

ESTO SÉ, QUE DIOS ESTÁ POR MÍ

El rey David escribió este salmo en un momento de gran angustia y peligro. Él comienza este canto suplicando la misericordia de Dios porque se sabe en peligro de muerte. Y reconoce la realidad de ese peligro que lo intimida. Él no hace declaraciones positivas minimizando la realidad de su temor, ni lo real del peligro que lo acecha. David acepta las circunstancias duras y difíciles que está viviendo, pero enseguida levanta los ojos de su triste condición y acude con fe, con esperanza a aquel que lo puede sacar del temor en el que está viviendo. Sus palabras no dejan lugar a dudas, “Sé que Dios está por mí”. Esta declaración de fe ilumina todo el salmo y nos recuerda el amor incondicional de Dios por sus hijos. Salmo 56.