LA VICTORIA QUE HA VENCIDO AL MUNDO

¿Alguna vez te has sentido abrumado por la duda sobre tu propia fe o el temor ante un futuro incierto? Este mensaje, basado en la primera carta del apóstol Juan, aborda una de las necesidades más profundas del corazón: la seguridad de la salvación. A través del testimonio de John Bunyan, se nos invita a reflexionar sobre la diferencia entre estar a salvo y vivir con la plena certeza de ello. En el mensaje de hoy encontrarás claves fundamentales para fortalecer tu caminar espiritual.

En un tiempo de presiones externas y luchas internas, este mensaje es una invitación a dejar atrás el miedo y a correr la carrera cristiana con el vigor y el gozo que sólo produce saberse guardado por el poder del Todopoderoso. Te animamos a escuchar con atención para descubrir que tu victoria no depende de tus fuerzas, sino de la fidelidad de Aquel que te llamó. 1 Juan 5:1-5.

AMOR INFINITO

Amor infinito – Salmo 106:6-8 – Abraham Sanz

El escritor del Salmo 106 va recordando los hechos poderosos de Dios a favor de un pueblo que es rebelde y que se queja continuamente de Dios, a pesar de que han visto los prodigios que éste ha hecho en Egipto. Con su actitud de falta de fe e ingratitud demuestran que no aman a Dios a pesar de todo lo que ha hecho por ellos. El problema de este pueblo, y también de cada uno de nosotros, es que creían, al igual que nosotros creemos, que sabían lo que era mejor para ellos. Perdían de vista que los planes del Señor siempre, siempre, siempre son mejores que los nuestros. Olvidaron que Él ve el final desde el principio, cuando nuestra vista, en cambio, es muy corta. Perdieron de vista, como también nos ocurre a nosotros muchas veces, la inmensidad del amor infinito de Dios. Salmo 106:6-8.

LA GRAN COMISIÓN 2

La gran comisión – Mateo 28:18-20 – Abraham Sanz

Nos adentramos hoy en las palabras del Cristo resucitado, quien estableció el fundamento de nuestra misión al proclamar: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra”, una garantía que vence todo temor. Basado en esta autoridad, el Señor nos encomienda la honra de hacer discípulos a todas las naciones, lo cual se logra mediante tres acciones vitales: predicando el Evangelio —que es el verdadero poder de Dios para salvación—; bautizando a quienes reciben esta verdad, introduciéndolos en la comunión del pueblo de Dios; y enseñando a guardar todas las cosas que Él ha mandado, asegurando la madurez en su cuerpo. Y la fuerza para esta labor se encuentra en la promesa inquebrantable que sella el mensaje: “Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.

LA GRAN COMISIÓN

Hoy la Palabra de Dios nos convoca a un momento de profunda reflexión y renovación. Nos adentraremos en un pasaje que resuena con una autoridad inigualable y una promesa de victoria que lo cambia todo. Descubriremos la base firme sobre la cual se asienta nuestra fe y la gloriosa misión que se nos ha confiado, una tarea que no sólo es un mandato, sino un privilegio y una honra inmensa. Este mensaje encenderá en nosotros un celo creciente y nos mostrará el verdadero gozo de un discipulado radical, recordándonos que en medio de cualquier desafío, nuestro Rey ha vencido y su propósito avanza imparable. Prepara tu corazón para que arda con nueva pasión, discerniendo el llamado que nos impulsa a caminar con confianza y propósito. Mateo 28:18-20.

UN ENCUENTRO TRANSFORMADOR

A todos nos ha pasado que mezclamos algo que conocemos de la Palabra de Dios con nuestras ideas, conceptos, creencias e interpretaciones personales que suelen estar muy influidas por los acontecimientos que vivimos a diario. Cuando de manera consciente o inconsciente sacamos a Dios y sus promesas de nuestros pensamientos y de nuestros razonamientos, podemos terminar como aquellos dos que iban camino a Emaús, cabizbajos y tristes habiendo perdido la esperanza y a punto de perder también la fe. Jesús les sale al encuentro y les da a ellos y a nosotros una lección magistral abriendo las Escrituras y mostrando en ellas toda la verdad acerca de sí mismo. Admiremos hoy al Maestro buscándole y viéndole en cada página de la Sagrada Escritura. Lucas 24:13-35.

DIVERSIDAD Y CRECIMIENTO EN LA UNIDAD

La unidad orgánica de la Iglesia es una realidad que Dios mismo se encarga de crear y mantener. No obstante, unidad no es igual a uniformidad. Al igual que Dios es uno, pero en Él hay una pluralidad de personas; la Iglesia también es una con una diversidad que la enriquece y completa. Cada hijo de Dios ha recibido algún don espiritual, un regalo recibido por gracia, que debe ser utilizado para la edificación mutua. Cristo reparte esos dones como Él quiere y a quien Él quiere en el ejercicio libre y sabio de su soberanía. Cada miembro del Cuerpo debe conocer y usar los dones que ha recibido con un espíritu de entrega y amor a sus hermanos en Cristo. Si quieres saber cuál es tu don, comienza a actuar en fe y en humildad en medio del Cuerpo, y pronto será evidente para todos cuál es ese don que has recibido del Señor. Efesios 4:1-16.

GUARDA LA UNIDAD DEL ESPÍRITU

La unidad, aunque es una realidad orgánica ya consumada en Cristo, requiere un esfuerzo activo («solícitos en guardar la unidad») por parte de los creyentes. Entramos a considerar las virtudes necesarias para mantener esta unidad: humildad, mansedumbre, paciencia y amor, contraponiéndolas al individualismo y al orgullo. Además, se describe la unidad mediante siete realidades inmutables compartidas por todos los auténticos creyentes: un cuerpo, un espíritu, una esperanza, un Señor, una fe, un bautismo, y un Dios y Padre de todos. El propósito es exhortar a la congregación a vivir una vida congruente con su identidad en Cristo, superando las divisiones y cultivando un amor genuino para reflejar la unidad que hay en Dios mismo. Efesios 4:1-6.

VIDA EN EL ESPÍRITU

¿Qué significa vivir «conforme al Espíritu» y cómo se diferencia de una vida «conforme a la carne»? ¿Es posible ser un «cristiano carnal» o esta idea es una contradicción? ¿Cómo podemos tener la seguridad de nuestra salvación y qué papel juega el Espíritu Santo en este asunto? Podemos cometer dos errores antagónicos con respecto a nuestra seguridad de salvación. Podemos vivir con miedo e inseguridad temiendo todo el tiempo que vamos a perder nuestra salvación. Pero también podemos caer en el otro extremo y vivir despreocupadamente con una falsa idea de la gracia de Dios. Romanos 8:1-11.

SÓLO EN CRISTO HAY SALVACIÓN

Todos sabemos que un día moriremos, pero pocas veces nos paramos a pensar en lo que esto realmente significa. ¿Estás preparado que ese día? ¿Hay paz en tu alma en cuanto a cuál será tu destino eterno? Esa es la inquietante pregunta que bullía en el pecho de un joven muy pudiente, un hombre influyente y reconocido a pesar de su juventud, que un día vino a Jesús corriendo y se postró a sus pies. A pesar de todos los bienes que poseía, a pesar de tener una posición social de reconocimiento, a pesar de ser joven, sano, un auténtico «influencer» de su época, no había paz en su corazón porque sabía en lo más íntimo de su ser que no tenía lo suficiente, que no era lo suficiente, que el faltaba algo fundamental para alcanzar la vida eterna. ¿Y tú, tienes paz y seguridad en cuanto a este asunto tan transcendental? Lucas 18:18-30.

SOLDADOS 2ª parte

El apóstol Pablo nos llama a todos los cristianos a vivir, no sólo como buenos soldados de Jesucristo, sino también a luchar de manera legítima, como hacen los auténticos atletas. Estos sólo son coronados si han luchado legítimamente, es decir, conforme a la ley, en nuestro caso, la Ley de Dios. Debemos ser meticulosos en nuestro servicio al Señor. No vale solamente con «tener buenas intenciones», con hacerlo de corazón. Porque se pueden tener muy buenas intenciones, y aun así hacer las cosas mal, porque Dios ya nos ha revelado cómo quiere que hagamos las cosas. No según nuestro sincero «saber y entender», sino según Él ya nos ha revelado en su Palabra. 2 Timoteo 2:1-13.