UN GRAN PERDÓN, UN GRAN AMOR

Lucas nos relata un hecho importante en la vida de Jesús que dio paso a una enseñanza profunda y básica en el Reino de Dios. Jesús es invitado a comer en casa de un fariseo y la historia se centra en dos personas como protagonistas. Por un lado está el propio fariseo anfitrión que recibe a Jesús en su casa. Por otro aparece una mujer «pecadora», un eufemismo con el que se solía denominar a las prostitutas. La actitud de ambas personas hacia Jesús es completamente distinta. En el transcurso de la comida Jesús cuenta una de sus conocidas parábolas, la del acreedor y los dos deudores. El corazón de esta parábola tiene vigencia en nuestra vida hoy y en la vida de todos a quienes Jesús se acerca. Nuestra respuesta a esta enseñanza también será acorde con la misma. O estaremos en el lado del fariseo, o estaremos en el lado de la «pecadora». Juan 7:36-50.

EL GEMIDO DEL ESPÍRITU

¿Te sientes débil a la hora de orar? ¿Es eso normal, bueno o malo? Jesús habló de la oración como algo habitual en nuestras vidas, es decir, lo dio por sentado como la cosa más natural en cualquier hijo/a de Dios. De hecho, los Evangelios dan testimonio de cómo Jesús oraba frecuentemente y cómo apartaba tiempos especiales para una oración más profunda y especial. Los discípulos sintieron que no sabían orar y le pidieron a Jesús que les enseñase a hacerlo. Todos sentimos que no damos la talla a la hora de la oración. Romanos 8:26-28.

EN QUÉ ALABARSE

Hoy la Palabra del Señor nos recuerda que no debemos alabarnos en nuestros conocimientos, ni en las riquezas, ni en nuestra valentía. Es muy fácil para cualquiera de nosotros, a pesar de ser cristianos, el caer en este error tan humano y tan habitual. Miramos a nuestro alrededor y vemos avances tecnológicos con los que nuestros abuelos ni siquiera soñaron en alcanzar. Admiramos el crecimiento de las ciudades y nos asombran sus inmensos edificios y construcciones de ingeniería que nos sorprenden cada vez más. Podemos comunicarnos con familiares que están a miles de kilómetros de distancia con un aparato que cabe en la palma de nuestra mano. Al contemplar todo esto es fácil pensar que el ser humano es grande. Jeremías 9:23-24

EL GEMIDO DEL CREYENTE

La esperanza cristiana es un concepto muy distinto a lo que habitualmente se entiende como esperanza. Normalmente entendemos por esperanza algo que podría ocurrir en un futuro, o no ocurrir nunca. En cambio la esperanza cristiana es equivalente a certeza y seguridad. No se trata por tanto de un mero anhelo o deseo, sino de una certidumbre firme y estable. Porque no está basada en algo que nosotros podamos hacer o alcanzar, sino que está basada en las promesas de Dios, en su Palabra, que es inmutable. Dios lo ha dicho, y Él no puede negarse a sí mismo. Por eso, la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse, no es comparable con las tribulaciones del momento presente. Romanos 8:18-27.

POBRE, DESNUDA Y CIEGA

La situación espiritual de la iglesia de Laodicea era ciertamente lamentable. Siendo pobre y estando desnuda y ciega, sin embargo ella se veía a sí misma como rica y poderosa pensando que no necesitada nada ni a nadie. Esta iglesia es un auténtico paradigma de muchas iglesias del siglo XXI. Pensando que lo tienen todo y que hacen lo que a Dios agrada, sin embargo están muy lejos de Él porque han dejado a Jesucristo afuera. La visión que nos muestra esta carta de Jesucristo llamando a la puerta es a la vez patética y gloriosa. Patética porque revela el estado digno de lástima que presentan algunas que se creen ricas y espirituales. Y gloriosa porque muestra el amor y la misericordia infinitas del Señor que sigue llamando a la puerta esperando nuestra respuesta. Apocalipsis 3:14-22.

EL GEMIDO DE LA CREACIÓN

El apóstol Pablo nos habla en el pasaje de hoy acerca de la esperanza que alberga la Creación entera. Se nos presenta a la Creación como si fuera una persona que tiene deseos y anhelos, de manera que gime con dolores como de parto hasta el día en el que Jesucristo haga nuevas todas las cosas. Nosotros también gemimos con ella y decimos con ardiente y renovado deseo «Ven, Señor Jesús». Romanos 8:18-22.

UNA VISIÓN TRANSFORMADORA

Existe un principio espiritual muy claro que la Biblia nos muestra en repetidas ocasiones. Tenemos la tendencia a parecernos a aquellos que admiramos y a aquellos con quienes pasamos más tiempo. Es algo que ocurre de manera casi involuntaria e inconsciente. Indefectiblemente los hijos se parecen a sus padres, no solo físicamente, sino también en el carácter, en las costumbres, en la manera de hablar y hasta en la forma de relacionarse con los demás. En el mundo del espíritu es exactamente igual. A medida que pasamos más tiempo contemplando la belleza de nuestro Dios, esa contemplación nos va transformando desde el interior de manera progresiva pero inexorable a la misma imagen del hombre perfecto: Jesucristo. 2 Corintios 3:18.

LA LETRA MATA, EL ESPÍRITU VIVIFICA

¿Qué diferencia existe entre el Antiguo Pacto y el Nuevo Pacto? ¿Tiene el A.P. alguna vigencia hoy en día para nosotros? ¿Por qué algunos tienen un velo que les impide ver la gloria del N.P.? Es bastante fácil quedarse simplemente en el aspecto exterior de la Ley, viviendo así de una manera ritual o ceremonial la fe cristiana. Cuando nos quedamos solo con los ritos externos de la fe, esta pierde por completo su poder transformador de lo más profundo del alma humana. 2 Corintios 3:4-4:6.

SOLO UNA COSA

Nuestro siglo XXI nos impone un ritmo de vida frenético en el que intentamos atender a mil y una obligaciones durante el día. Cada vez son más frecuentes los consejeros en «life coaching», los actuales gurús de la planificación del tiempo. ¿Qué es lo más importante y primordial en la vida? ¿Cuál sería un orden de prioridades correcto y sano? En definitiva, ¿qué debe ser lo primero y qué lo accesorio? Jesús nos mostrará hoy lo auténticamente esencial. Él sí es un verdadero Maestro con mayúscula. Lucas 10:38-42.

MUERTO Y RESUCITADO

En el pasaje que hoy meditamos, al final del capítulo 4 de la epístola a los Romanos, Pablo nos dice literalmente que Jesucristo fue «entregado por nuestras transgresiones y resucitado para nuestra justificación». ¿Qué implicaciones tienen para nuestra fe estas dos afirmaciones del apóstol de los gentiles? Romanos 4:22-25.