LA ORACIÓN, OXÍGENO ESPIRITUAL

Al igual que nuestro cuerpo necesita el oxígeno para vivir, de igual manera nuestro espíritu necesita la oración para subsistir, crecer y desarrollarse. Vemos en el pasaje de hoy, que Jesús tenía una intensa y habitual vida de oración, para lo cual solía apartar las primeras horas del día. No sólo buscaba la ocasión, sino que también buscaba el lugar adecuado. Por eso solía apartarse a lugares desiertos, tranquilos, fuera de los ruidos y las distracciones propias de la vida. Él es nuestro mayor y mejor ejemplo en cuanto a la oración. Jesús, siendo Dios, también era hombre y por eso su tiempo de oración era algo prioritario para Él. Marcos 1:35-39.

ESCUCHAR, CONTEMPLAR Y PROCLAMAR

El mayor problema de la humanidad hoy en día no es la COVID-19, ni la crisis económica que se nos avecina como consecuencia. Tampoco es la falta de trabajo ni la falta de justicia imperante. El auténtico problema de la humanidad es otro distinto, mucho más profundo y mucho más real que todos estos. Nuestro mundo necesita escuchar el auténtico Evangelio de Jesucristo. Muchos se acercan a Dios con motivaciones incorrectas porque el mensaje se ha proclamado mal. La mayoría vienen a Dios solo buscando lo bueno que puedan sacar de Él. Pero en la vida en el Espíritu hay una progresión lógica y natural. Primero escuchamos, después contemplamos y como consecuencia proclamamos. Cada uno de nosotros somos responsables de lo que transmitimos. Juan 1:35-42.