LA RAÍZ DE LA INGRATITUD

Es muy fácil acostubrarse a las bendiciones cotidianas de Dios y empezar a menospreciarlas. La ingratitud nos ciega ante el cuidado de Dios y despierta un descontento continuo. Al enfrentar dificultades o desiertos en la vida de fe, existe la tentación de mirar atrás y extrañar aspectos de la vida sin Dios o del estilo de vida antiguo. Recordar el pasado sin su verdadero contexto de esclavitud o pecado puede llevar al estancamiento espiritual. Vivimos en una sociedad de consumo que empuja a confundir deseos con necesidades reales. La enseñanza bíblica invita a cultivar el contento y a valorar la provisión diaria de Dios por encima del apetito desmedido. Números 11:4-6.

RIQUEZAS Y CONTENTAMIENTO

Hay un asunto que parece puramente mundano, pero del que Jesús habló en bastantes ocasiones, y es el uso y el abuso de los bienes materiales. Para vivir una vida sabia que de verdad dé en el blanco de la voluntad de Dios, nos es imprescindibles aprender a honrar a Dios con las posesiones que hemos recibido de su mano generosa. Muchos piensan que el dinero y las riquezas son malas por sí mismas, pero no es así. De hecho la Biblia afirma que de Dios es el oro y la plata y que Él los concede a quien quiere, como quiere y cuando quiere. El problema no está en los bienes materiales, sino en cómo los usamos y qué lugar ocupan en nuestro corazón. El libro de Proverbios trata este asunto con bastante amplitud y haríamos bien en estar atentos a los sabios consejos que de él se desprenden. Proverbios 3:9.

AMADOS, AMÉMONOS

Los seres humanos fuimos diseñados para vivir en una atmósfera de amor. Y esto es así porque Dios nos creó como fruto de su propio amor intra-trinitario. Como seres creados a su imagen, todos buscamos ser amados y amar, porque nuestra identidad está enraizada en el amor de Dios. Por esa misma razón, no se concibe a un cristiano que no ame a sus hermanos. Es una contradicción absoluta que refleja que no ha habido una auténtica conversión. Al igual que el manzano produce manzanas y el naranjo naranjas, de la misma manera un hijo de Dios ama, como un fruto natural de su propia naturaleza. 1 Juan 4:7-12, 17-21.

DE TAL PALO, TAL ASTILLA

Es parte integral de la naturaleza humana que los hijos se parezcan a sus padres. De ahí proviene el proverbio español “De tal palo, tal astilla”. Por tanto, lo propio y natural es que los hijos de Dios se parezcan en carácter al Padre del que proceden. El apóstol Pablo en su carta a los Efesios nos hace un llamado a vivir de acuerdo con nuestra nueva naturaleza en Cristo. Esto es una gran responsabilidad, pero también es un tremendo privilegio. En un mundo donde las tinieblas parecen dominar, ¿cómo podemos asegurarnos de que nuestro andar sea radicalmente distinto al de quienes nos rodean? ¿Es realmente posible vivir una vida que refleje a nuestro Padre celestial de forma inconfundible? ¿Cuál es la clave para aprovechar cada momento que la vida nos ofrece, transformándolo en una oportunidad divina? ¿Dónde podemos encontrar el poder que nos capacita para vivir una vida de santidad, sabiduría y amor incondicional? Efesios 5:1-20.