EL PREFERENTE ASUNTO DE MI ALEGRÍA
El Salmo 137 nos enseña que Dios no espera que ocultemos nuestras emociones. Podemos llevarle incluso nuestra ira, nuestro dolor y nuestros deseos de justicia. La Biblia no idealiza a sus personajes ni censura sus sentimientos; los presenta con toda su crudeza. Lo importante es que esos sentimientos se expresan delante de Dios, para que Él sea quien juzgue, en lugar de convertirnos nosotros en ejecutores de la venganza. Este salmo da voz al sufrimiento extremo de un pueblo devastado y recuerda que el anhelo de justicia, cuando se deposita en las manos de Dios y no en la violencia personal, ocupa un lugar legítimo en la experiencia de la fe. Salmo 137.




