EL SIERVO DE LA OREJA TALADRADA

Isaías es uno de los profetas que hablan más extensamente sobre el Siervo del Señor. Hoy estudiaremos las cuatro marcas que los profetas anunciaron que tendría ese perfecto Siervo que ellos anunciaban. Un Enviado por Dios que sería Dios mismo y que encarnaría todas las perfecciones y virtudes propias de la Divinidad. Un Siervo que nos marca el camino que todos los elegidos también deberán seguir y cumplir. Porque la imitación de Jesucristo es la base de toda la vida cristiana, que es la vida auténtica, la vida vida, la vida feliz, la vida abundante de la que Jesús mismo enseñó. Isaías 50:4-9.

¿QUÉ HACES AQUÍ?

Es bien evidente que vivimos en un mundo cambiante. Las circunstancias que nos rodean y los hechos que vivimos se suceden con una velocidad inusitada. Creemos que tenemos más control sobre nuestra vida del que realmente tenemos y cuando los problemas, las dificultades y los reveses de la vida nos golpean, terminamos comprendiendo que somos frágiles, mucho más frágiles de lo que siquiera habíamos imaginado. Los creyentes no estamos libres de todas estas eventualidades de tal manera que hoy podemos vivir una experiencia transformadora con nuestro Dios, y pocos días después sentirnos deprimidos y derrotados. El profeta Elías no era distinto a nosotros. Él también era un hombre sujeto a pasiones como las nuestras. Hoy veremos cómo Dios trató con él en un momento de profunda crisis personal que incluso le llevó a desear la muerte. 1 Reyes 19:1-18.

NO ME AVERGÜENZO DEL EVANGELIO

Parece ser que entre los cristianos romanos se había extendido la idea de que Pablo no se atrevía a ir a Roma porque allí estaban los más afamados oradores y filósofos y que él les temía. Algún tiempo antes Pablo había estado hablando en el Areópago de Atenas con los filósofos griegos y estos desdeñaron su mensaje y pronto dejaron de escucharlo. Sin embargo, Pablo hace una valiente defensa del Evangelio y de la fe cristiana en esta carta que contiene algunas de las verdades más potentes y liberadoras del mensaje cristiano. La fuerza del Evangelio no reside en su lógica, o en el hecho de que sea una fe razonada y razonable. La fuerza del Evangelio está en el hecho de que contiene el poder de Dios para transformar las vidas. Y este no es una invención de la sabiduría humana, sino que es una creación de Dios. Tan es así, que sólo aquellos que han sido ordenados por Dios para comprenderlo, son los únicos que realmente pueden entenderlo y aceptarlo al haber sido transformadas sus mentes por Dios mismo. Romanos 1:13-17.

DE LA CUEVA AL CIELO

Todos, más tarde o más temprano pasamos por días de prueba. Cuando las sombras de la enfermedad, o el quebranto financiero, o la crisis familiar, o la muerte de algún ser querido atenazan nuestra alma y nos sentimos atrapados en una cueva oscura y fría. La angustia, la tristeza, la soledad, el dolor, la incomprensión o la traición llegan a quebrantar nuestra alma. ¿Dónde acudimos en búsqueda de alivio y descanso? ¿Cuál es nuestra oración, cuál es nuestra canción? David, el rey escogido por Dios para liderar a su pueblo, vivió varias experiencias de este tipo. Y en el Salmo 57 que hoy analizaremos, podemos ver cómo él abre su corazón y nos muestra el camino para superar estos momentos de angustia. Salmo 57.

VISIÓN, ABNEGACIÓN, AMBICIÓN

– Vida en su Nombre 29 –

Aquello que nos resulta irresistiblemente atractivo es lo que moldea nuestra mente y da forma a nuestros afectos. Por eso lo que queremos hoy es admirar una vez más a Jesús, su belleza. Él acaba de entrar en Jerusalén a lomos de un burrito y el pueblo está esperando que lidere una insurrección contra el poder romano y que así establezca el trono de David y reine la paz. Los principales de entre los judíos están acechándole, quieren quitarle de en medio. Jesús les molesta. Pero los designios de Dios son muy distintos de los anhelos de unos y de otros. El plan de Dios es mucho mejor y muy superior a lo que cualquiera podría desear o buscar. Jesús nos sorprende una vez más con su sabiduría, su grandeza y su gloria sin igual. Juan 12:20-33.

LÁZAROS

– Vida en su Nombre 27 –

Tras el portentoso milagro de la resurrección de Lázaro muchos venían para conocer a Jesús, pero también para ver a Lázaro. Hoy vamos a trazar un paralelismo entre el Lázaro de este relato y los “Lázaros” que también hay hoy en día. Jesús trajo a su amigo del reino de los muertos, a la vida. Pero hoy Jesús sigue trayendo a muchos que estaban muertos a una nueva vida. Esos nuevos “Lázaros” son un testimonio atractivo y elocuente del poder de Jesús. A la vez, se constituyen en un incordio para el mundo apartado de Dios, para los incrédulos, para los enemigos de la Verdad. Además estos que han recibido nueva vida en Jesús son un esperanzado presagio del mundo nuevo que está por venir. Juan 12:9-11.

LOS BANDIDOS, EL PASTOR Y LAS OVEJAS

– Vida en su Nombre 23 –

En el pasaje de hoy Jesús vuelve a hablar acerca de su naturaleza y de su misión. Hace afirmaciones que anclan su origen en las profecías de Ezequiel 34. En la que Dios afirma que Él mismo vendrá y pastorearé a su rebaño, Israel. Jesús afirma ser el buen Pastor, el que va a buscar a la perdida, el que venda a la perniquebrada, el que fortalece a la débil, el que da su vida por su rebaño. A Él le duelen las ovejas porque son sus ovejas. Él las llama y las conoce por nombre, pero es que además las que son de su rebaño conocen también su voz y le siguen. Todo hijo de Dios encuentra un fortísimo consuelo en estas palabras del Maestro. Juan 10:1-21.

LIBRES DE VERDAD

– Vida en su Nombre 21 –

Los políticos profesionales saben muy bien lo que tienen que decir para que las multitudes les aplaudan. Son los que se sirven de las masas para satisfacer sus propios deseos de poder, de fama o de riqueza. Pero Jesús no busca meros simpatizantes, Él busca discípulos. Gente que se comprometa al cien por cien con Él y con su causa. Podríamos pensar que en este pasaje Jesús es muy duro con los religiosos y que se ha pasado un poco, o mucho en sus críticas. Pero no debemos olvidar que Él habla movido por el amor a ellos. Busca hacerlos reaccionar, que abran los ojos y vean la realidad del estado ruinoso de sus almas. Jesús, al igual que el buen médico, nos dice la verdad de la enfermedad que padecemos con la finalidad de que encontremos en Él el remedio que los sane. Sólo la Verdad nos hace libres. ¿Has encontrado tú la auténtica libertad? Juan 8:31-59.

VETE Y NO PEQUES MÁS

– Vida en su Nombre 19 –

Esta es una historia real que sucedió durante el ministerio de Jesús. Jesús está enseñando en el templo y los líderes religiosos traen a una mujer sorprendida en el acto mismo de adulterio. Le preguntan a Jesús qué piensa él, en la Ley dice que ha de ser apedreada. Pero a esos religiosos no les importa en realidad ni la Ley, ni la santidad. No amaban a Dios, no buscaban glorificarle. Lo que van buscando es pillar a Jesús, hundirlo, y echar abajo su ministerio, su fama, su testimonio ante el pueblo para que dejen de admirarlo y seguirlo. Lo que los mueve es la envidia. En este incidente Jesús nos muestra tanto la seriedad de la justicia y la santidad de Dios, como su gracia y su misericordia en el perdón otorgado a esta pecadora, que es igual de culpable que todos nosotros con todos nuestros pecados públicos o secretos. Juan 7:53-8:11.

RÍOS DE AGUA VIVA

– Vida en su Nombre 18 –

Hay un mundo de diferencia entre sólo saber o entender y además de saber, gustar, saborear. Cuando gustamos la grandeza, la belleza, la misericordia, el amor, el perdón de Dios de manera personal y experiencial, entonces es cuando se produce el cambio, la transformación. Se puede tener la cabeza llena de datos sobre quién y cómo es Dios, y sin embargo no conocerle en absoluto, como le pasaba a los fariseos y a los líderes religiosos que se enfrentaban con Jesús. Él les habla bien claro, “no sabéis de dónde vengo, ni quién es el que me envía.” Jesús hace una afirmación apabullantemente sorprendente en el último día de la Fiesta de los Tabernáculos. El día en que el sumo sacerdote derramaba el agua en libación a Dios mientras el pueblo recitaba Isaías 12:3. Él afirmó: “El que tenga sed, venga a mí y beba.” Juan 7:25-52.