TRES VERDADES EN LAS QUE MEDITAR

Cada hijo de Dios pasa por momentos de dificultades en los que el cielo se nubla y nos sentimos abatidos, derrotados o débiles en la fe. Pero podemos confiar en que tenemos la asistencia eficaz del Espíritu Santo que nos recordará aquellas cosas que hemos aprendido de la Palabra de Dios y que nos ayudarán a superar esos tiempos de prueba. Por eso es imperativo el fijar en nuestra mente ciertas verdades que debemos conocer y en las que debemos profundizar. Hoy hablamos de tres verdades que encontramos en el capítulo uno de la carta a los Efesios, que son como tres fuertes amarres a los que nos podemos asir para permanecer firmes y seguros en nuestro caminar diario. Efesios 1:16-20

NO IGNORAMOS SUS MAQUINACIONES

Cada hijo de Dios sabe que cuando decide vivir en obediencia a la Palabra comienza una batalla. Así fue la experiencia que vivió el pueblo de Dios cuando regresaron del cautiverio en Babilonia. Jerusalén estaba destruida, el templo derribado y las murallas demolidas. Tenían una obra ingente por delante y en el preciso instante en que comenzaron a reconstruir la muralla, el enemigo comenzó su estrategia para hacerlos desistir de su obra. Hoy veremos cuatro métodos que el enemigo de nuestras almas usa para destruir nuestra fe, pero nosotros no ignoramos sus maquinaciones. Nehemías 2, 4 y 6.

EL ESPÍRITU Y LA ESPOSA DICEN: ¡VEN!

La Escritura da un testimonio amplísimo y contundente sobre la veracidad de la segunda venida de Cristo a la tierra. Se nos anunció que Dios mismo vendría en la forma de un niño, y así fue. Se nos anunció que moriría entre malhechores, y así fue. Se nos anunció que al tercer día se levantaría de la muerte, y así fue. Sin ninguna duda, esta otra profecía también se cumplirá fielmente en su momento oportuno. Este hecho será a la vez un día de gran júbilo y de una felicidad inquebrantable y desbordante para unos. Pero para otros será un día terrible lleno de horror y sufrimientos sin fin. Mientras ese día llega, tanto la Iglesia como el Espíritu dicen incansablemente: ¡Ven! Apocalipsis 22:17-20.

ESCUCHAR, CONTEMPLAR Y PROCLAMAR

El mayor problema de la humanidad hoy en día no es la COVID-19, ni la crisis económica que se nos avecina como consecuencia. Tampoco es la falta de trabajo ni la falta de justicia imperante. El auténtico problema de la humanidad es otro distinto, mucho más profundo y mucho más real que todos estos. Nuestro mundo necesita escuchar el auténtico Evangelio de Jesucristo. Muchos se acercan a Dios con motivaciones incorrectas porque el mensaje se ha proclamado mal. La mayoría vienen a Dios solo buscando lo bueno que puedan sacar de Él. Pero en la vida en el Espíritu hay una progresión lógica y natural. Primero escuchamos, después contemplamos y como consecuencia proclamamos. Cada uno de nosotros somos responsables de lo que transmitimos. Juan 1:35-42.

UNA FE PROBADA

Estamos viviendo un tiempo muy especial, un momento crítico que no puede dejarnos a ninguno indiferentes. Dios está sacudiendo al mundo que le ha dado la espalda, que le ha provocado con su actitud rebelde y/o indiferente hacia Él. El Señor está quebrantando nuestra arrogancia al mostrarnos nuestra fragilidad. Esta pandemia es un grito de Dios a las personas de toda raza, de toda lengua, de toda cultura y nación para que se vuelvan a Él, quien es amplio en perdonar. Pero esta sacudida, no va dirigida solo al mundo que está separado de Dios, también va dirigida a la Iglesia, al pueblo de Dios. Haríamos bien en estar atentos a la voz divina en este tiempo de confinamiento. El Señor quiere tratar con cada uno de nosotros. Santiago 1:2-3.

POBRE, DESNUDA Y CIEGA

La situación espiritual de la iglesia de Laodicea era ciertamente lamentable. Siendo pobre y estando desnuda y ciega, sin embargo ella se veía a sí misma como rica y poderosa pensando que no necesitada nada ni a nadie. Esta iglesia es un auténtico paradigma de muchas iglesias del siglo XXI. Pensando que lo tienen todo y que hacen lo que a Dios agrada, sin embargo están muy lejos de Él porque han dejado a Jesucristo afuera. La visión que nos muestra esta carta de Jesucristo llamando a la puerta es a la vez patética y gloriosa. Patética porque revela el estado digno de lástima que presentan algunas que se creen ricas y espirituales. Y gloriosa porque muestra el amor y la misericordia infinitas del Señor que sigue llamando a la puerta esperando nuestra respuesta. Apocalipsis 3:14-22.

EN TU NOMBRE ALZARÉ MIS MANOS

Se puede ser un auténtico experto en todos los conceptos y doctrinas del Cristianismo sin vivir ni experimentar ninguno de ellos. Desgraciadamente esta contradicción ocurre y ocurre más de lo que debiera. ¿Cuándo fue la última vez en que las lágrimas vinieron en tu ayuda para expresar lo que experimentabas en la presencia de Dios? La vida cristiana es una experiencia diaria de diálogo con el Dios de la Palabra. Una experiencia de renovación y crecimiento continuo. Salmo 63:1-6.

DEJAOS LLENAR

La vida cristiana solo puede vivirse en el Espíritu. Pablo hace un contraste en el pasaje que hoy consideramos entre la vida en la carne y la vida en el Espíritu. Hay un llamado negativo en cuanto a lo que no debemos hacer. Pero lo que enfatiza el texto es el llamado positivo que viene a continuación del anterior. Es un llamado a ser llenos del Espíritu Santo. Pero, ¿qué es ser lleno del Espíritu Santo? ¿Se trata acaso de alguna experiencia de tipo místico? ¿Cómo se hace esto de ser llenos del Espíritu? Efesios 5:15-21.

REFORMA Y AVIVAMIENTO 10 – FINAL

Terminamos aquí esta serie de mensajes basados en la vida del rey Ezequías de Judá con una muy importante lección que todos debemos aprender bien. En los días de abundancia, en los momentos de triunfo, en las horas de bendición, no caigamos en la locura de alabarnos a nosotros mismos como si todas esas victorias fueran el resultado de nuestro talento y de nuestro esfuerzo personal. La gloria solo le pertenece a Dios. 2 Crónicas 32:24-33.

REFORMA Y AVIVAMIENTO 9

La fe bíblica no es pasiva como a veces se cree, más bien todo lo contrario. Dios prometió al pueblo la tierra de Canaán, pero el pueblo tuvo que luchar. La diferencia fundamental reside en que la fe tiene muy en cuenta a Dios en la ecuación, sin embargo, no tiene en cuenta las matemáticas de la sabiduría y del poder humanos. 2 Crónicas 32:1-8.