EL ADÁN DEFINITIVO

Para cualquier observador atento, es bien evidente que algo está mal en el ser humano desde su nacimiento. No hay que enseñarle a un niño a mentir, o a ser egoísta, eso es algo que sale de nosotros de manera instintiva. Tenemos una naturaleza caída que recibimos de nuestros padres Adán y Eva que nos conduce al pecado, al egocentrismo, a la rebeldía. Por mucho que nos esforcemos en ser «buenas personas», todos terminamos reconociendo que no somos como deberíamos ser. Desde el punto de vista bíblico, ninguno de nosotros da la talla para merecer la gloria junto al Padre celestial. Pero además del primer Adán, Dios también envió al postrer Adán, un nuevo representante de una nueva humanidad. Mateo 3:13-15; Lucas 23:33, 45.

LA GRAN COMISIÓN 2

La gran comisión – Mateo 28:18-20 – Abraham Sanz

Nos adentramos hoy en las palabras del Cristo resucitado, quien estableció el fundamento de nuestra misión al proclamar: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra”, una garantía que vence todo temor. Basado en esta autoridad, el Señor nos encomienda la honra de hacer discípulos a todas las naciones, lo cual se logra mediante tres acciones vitales: predicando el Evangelio —que es el verdadero poder de Dios para salvación—; bautizando a quienes reciben esta verdad, introduciéndolos en la comunión del pueblo de Dios; y enseñando a guardar todas las cosas que Él ha mandado, asegurando la madurez en su cuerpo. Y la fuerza para esta labor se encuentra en la promesa inquebrantable que sella el mensaje: “Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.