FIRMES EN LA GRACIA, FIRMES EN LA ESPERANZA

Hoy nos centramos en la seguridad espiritual que proporcionan la gracia y la esperanza en la vida del creyente. Se contrastan las alegrías efímeras del éxito mundano con la transformación interna que supone pasar de la muerte espiritual a la vida mediante el sacrificio de Jesucristo. A través de diversas referencias bíblicas, se explica que la salvación es un regalo inmerecido que reconcilia a la humanidad con Dios, otorgando una nueva identidad como hijos adoptivos. Se enfatiza que el conocimiento de Cristo debe ser profundo para evitar visiones superficiales de la fe y fomentar una gratitud genuina. Finalmente, el mensaje proyecta una visión de futuro basada en las promesas del Apocalipsis, describiendo un destino eterno de paz y comunión divina. Romanos 5:1-2.

LA TENTACIÓN

¿Cuál es la diferencia entre prueba y tentación? ¿Dios nos envía tentaciones? ¿Pecamos cuando sentimos la tentación que nos hace desear aquello que Dios prohíbe? La epístola de Santiago nos revela que si bien el enemigo nos tienta, lo cierto es que en nosotros hay pasiones que son como un asidero que él utiliza para llevarnos a la desobediencia. Por eso, la batalla contra el pecado se libra especialmente en la mente en primer lugar, y en la voluntad después. De ahí la necesidad de llenar nuestros pensamientos con la Palabra de Dios, con sus consejos y con la ayuda imprescindible del Espíritu Santo. La guerra es de tipo espiritual, pero muy real para aquellos que han sido llamados y redimidos por Dios. Santiago 1:12-18.

LÁGRIMAS

– Vida en su Nombre 46 –

Pedro amaba sinceramente a Jesús, y cuando este le anunció que en pocas horas le iba a negar, Pedro aseguró vehementemente que él nunca lo haría. Pero todos conocemos la historia y cómo Pedro tuvo que derramar amargas lágrimas por su traición. Y es que la soberbia nos lleva a creer que somos mucho más fuertes, mucho más nobles y mucho más leales de lo que realmente somos. Pero el Señor nos conoce, con nuestras debilidades, con nuestras inconsistencias, con nuestras soberbias y con nuestra falta de integridad. Y aun así, nos sigue amando, nos sigue llamando, nos sigue restaurando y nos sigue levantando cuando hemos caído en el más triste y lamentable de los pecados. Admiremos hoy a Jesús amando y restaurando a nuestro hermano Pedro, cuando fue tan débil como cualquiera de nosotros. Juan 18:15-27.

EL INICIO DE LA CAÍDA

David era un hombre que ama a Dios sinceramente y de todo corazón, pero cayó estrepitosamente. Y las tristes consecuencias de su caída le acompañaron ya por el resto de su vida. Este hecho debe servirnos para ponernos en guardia contra nuestra debilidad y para vigilar nuestras pasiones y deseos más íntimos. No podemos bajar la guardia en la lucha contra nuestro pecado. Esto nos debe llevar a la humildad y a una dependencia absoluta de Dios. Como nos advierte el apóstol Pablo en 1 Corintios 10:12: “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.” Aprendamos la lección al contemplar la vida del rey David, el dulce cantor de Israel, quien a pesar de amar a Dios, tuvo que sufrir por descuidarse en sus obligaciones delante del Señor. 2 Samuel 11:1-5.

VETE Y NO PEQUES MÁS

– Vida en su Nombre 19 –

Esta es una historia real que sucedió durante el ministerio de Jesús. Jesús está enseñando en el templo y los líderes religiosos traen a una mujer sorprendida en el acto mismo de adulterio. Le preguntan a Jesús qué piensa él, en la Ley dice que ha de ser apedreada. Pero a esos religiosos no les importa en realidad ni la Ley, ni la santidad. No amaban a Dios, no buscaban glorificarle. Lo que van buscando es pillar a Jesús, hundirlo, y echar abajo su ministerio, su fama, su testimonio ante el pueblo para que dejen de admirarlo y seguirlo. Lo que los mueve es la envidia. En este incidente Jesús nos muestra tanto la seriedad de la justicia y la santidad de Dios, como su gracia y su misericordia en el perdón otorgado a esta pecadora, que es igual de culpable que todos nosotros con todos nuestros pecados públicos o secretos. Juan 7:53-8:11.

DISCORDIA

– Vida en su Nombre 17 –

Jesús hace frente a los que se acercan a Él con una mente carnal, mundana, entre los cuales estaban sus propios hermanos. Todos nosotros nacemos con una semilla de rebeldía contra Dios en nuestros corazones. Es un orgullo que nos lleva a querer ser autónomos, independientes, los capitanes de nuestra vida y de nuestras decisiones. De lo que no nos damos cuenta es que al dejarnos llevar por esos instintos estamos poniéndonos, consciente o inconscientemente del lado del sistema anticristo. Nuestra naturaleza caída nos arrastra a la desobediencia a Dios y levantamos el puño en contra de su autoridad legítima sobre nosotros. Fuimos creados para escuchar sintonías celestiales, pero el corazón no arrepentido nos impide escucharlas. Sí, algunos venían y vienen a Jesús, pero no lo hacen con la actitud correcta. A quienes se le acercan con sinceridad y queriendo conocerle genuinamente Jesús les declara: “El que a mí viene, yo no le echo fuera.” Juan 7:1-24.

NO ES ORO TODO LO QUE RELUCE

– Vida en su Nombre 8 –

El relato de Juan nos informa de que muchos creyeron en Jesús cuando vieron las muchas señales que hacía entre el pueblo. Pero también nos informa de que Jesús conocía lo que había en el corazón de aquellos que decían creer. Ante las evidencias, es fácil creer, pero la fe salvadora no es cualquier tipo de fe. Muchos, posiblemente la mayoría, se acercaban a Jesús por motivos egoístas. Su fe era interesada, superficial, débil, corta, espúrea, fe de un día. Jesús mismo nos advierte de esta supuesta fe con palabras muy duras, pero muy claras y reveladoras “apartaos de mí, nunca os conocí”. ¿Cómo es la auténtica fe? Juan 2:23-3:3.

JESÚS, EL DESEADO DE LAS NACIONES

En el pasaje de la epístola a los filipenses que estudiamos hoy, podemos encontrar nuestra identidad como pueblo de Dios. Pablo nos hace dos llamados al principio del mismo: gozaos y guardaos. Desgraciadamente en el mundo globalizado en el que vivimos es muy fácil caer en manos de «malos obreros» o gente que enseña doctrinas totalmente apartadas de la pureza del Evangelio original. Dios, por boca del «apóstol a los gentiles» nos zarandea cariñosamente para recordarnos la importancia de permanecer en el único y verdadero Evangelio entregado por Jesús mismo a sus apóstoles. Filipenses 3:1-14.

EL AMOR DE DIOS QUE ES EN CRISTO

La sublime doctrina del amor de Dios es muy posiblemente la más conocida de la fe cristiana y a la vez, la más mal entendida e interpretada. Se suele decir que «Dios aborrece el pecado, pero ama al pecador», sin embargo, esta expresión no es del todo correcta bíblicamente hablando. Abundan en la Palabra Santa los pasajes en los que Dios aparece santamente indignado, no sólo con la maldad humana, sino con los pecadores que practican esa maldad. Precisamente porque Dios es amor, no puede tolerar ningún tipo de pecado. ¿Cómo escapar entonces de un Dios justo y santo? ¿Hay algún refugio al que huir de la justa ira del Señor? Romanos 8:38-39.

RECUPERANDO LO PERDIDO

Cuando apartamos nuestra mirada del Señor y comenzamos a intentar dirigir nuestras vidas con la «sabiduría del mundo», es muy habitual que acudamos a refugios que no nos pueden proteger. Esto fue lo que vivió David en el pasaje que hoy examinamos. El rey Saúl lo buscaba para matarlo y él dejó que un temor anidara en su corazón. David llevaba años huyendo de Saúl y pensó que más tarde o más temprano el rey acabaría matándolo. Así decidió exiliarse y se fue a vivir con los filisteos, los enemigos del pueblo de Dios. La experiencia que él y sus seiscientos hombres vivieron fue una de las más amargas de su vida. Nosotros también, caemos a menudo en este error que nos conduce a indecibles sufrimientos y angustias. ¿Habrá alguna manera de recuperar lo que hemos perdido? 1 Samuel 30:1-31.