VETE Y NO PEQUES MÁS

– Vida en su Nombre 19 –

Esta es una historia real que sucedió durante el ministerio de Jesús. Jesús está enseñando en el templo y los líderes religiosos traen a una mujer sorprendida en el acto mismo de adulterio. Le preguntan a Jesús qué piensa él, en la Ley dice que ha de ser apedreada. Pero a esos religiosos no les importa en realidad ni la Ley, ni la santidad. No amaban a Dios, no buscaban glorificarle. Lo que van buscando es pillar a Jesús, hundirlo, y echar abajo su ministerio, su fama, su testimonio ante el pueblo para que dejen de admirarlo y seguirlo. Lo que los mueve es la envidia. En este incidente Jesús nos muestra tanto la seriedad de la justicia y la santidad de Dios, como su gracia y su misericordia en el perdón otorgado a esta pecadora, que es igual de culpable que todos nosotros con todos nuestros pecados públicos o secretos. Juan 7:53-8:11.

DISCORDIA

– Vida en su Nombre 17 –

Jesús hace frente a los que se acercan a Él con una mente carnal, mundana, entre los cuales estaban sus propios hermanos. Todos nosotros nacemos con una semilla de rebeldía contra Dios en nuestros corazones. Es un orgullo que nos lleva a querer ser autónomos, independientes, los capitanes de nuestra vida y de nuestras decisiones. De lo que no nos damos cuenta es que al dejarnos llevar por esos instintos estamos poniéndonos, consciente o inconscientemente del lado del sistema anticristo. Nuestra naturaleza caída nos arrastra a la desobediencia a Dios y levantamos el puño en contra de su autoridad legítima sobre nosotros. Fuimos creados para escuchar sintonías celestiales, pero el corazón no arrepentido nos impide escucharlas. Sí, algunos venían y vienen a Jesús, pero no lo hacen con la actitud correcta. A quienes se le acercan con sinceridad y queriendo conocerle genuinamente Jesús les declara: “El que a mí viene, yo no le echo fuera.” Juan 7:1-24.

NO ES ORO TODO LO QUE RELUCE

– Vida en su Nombre 8 –

El relato de Juan nos informa de que muchos creyeron en Jesús cuando vieron las muchas señales que hacía entre el pueblo. Pero también nos informa de que Jesús conocía lo que había en el corazón de aquellos que decían creer. Ante las evidencias, es fácil creer, pero la fe salvadora no es cualquier tipo de fe. Muchos, posiblemente la mayoría, se acercaban a Jesús por motivos egoístas. Su fe era interesada, superficial, débil, corta, espúrea, fe de un día. Jesús mismo nos advierte de esta supuesta fe con palabras muy duras, pero muy claras y reveladoras “apartaos de mí, nunca os conocí”. ¿Cómo es la auténtica fe? Juan 2:23-3:3.

JESÚS, EL DESEADO DE LAS NACIONES

En el pasaje de la epístola a los filipenses que estudiamos hoy, podemos encontrar nuestra identidad como pueblo de Dios. Pablo nos hace dos llamados al principio del mismo: gozaos y guardaos. Desgraciadamente en el mundo globalizado en el que vivimos es muy fácil caer en manos de «malos obreros» o gente que enseña doctrinas totalmente apartadas de la pureza del Evangelio original. Dios, por boca del «apóstol a los gentiles» nos zarandea cariñosamente para recordarnos la importancia de permanecer en el único y verdadero Evangelio entregado por Jesús mismo a sus apóstoles. Filipenses 3:1-14.

EL AMOR DE DIOS QUE ES EN CRISTO

La sublime doctrina del amor de Dios es muy posiblemente la más conocida de la fe cristiana y a la vez, la más mal entendida e interpretada. Se suele decir que «Dios aborrece el pecado, pero ama al pecador», sin embargo, esta expresión no es del todo correcta bíblicamente hablando. Abundan en la Palabra Santa los pasajes en los que Dios aparece santamente indignado, no sólo con la maldad humana, sino con los pecadores que practican esa maldad. Precisamente porque Dios es amor, no puede tolerar ningún tipo de pecado. ¿Cómo escapar entonces de un Dios justo y santo? ¿Hay algún refugio al que huir de la justa ira del Señor? Romanos 8:38-39.

RECUPERANDO LO PERDIDO

Cuando apartamos nuestra mirada del Señor y comenzamos a intentar dirigir nuestras vidas con la «sabiduría del mundo», es muy habitual que acudamos a refugios que no nos pueden proteger. Esto fue lo que vivió David en el pasaje que hoy examinamos. El rey Saúl lo buscaba para matarlo y él dejó que un temor anidara en su corazón. David llevaba años huyendo de Saúl y pensó que más tarde o más temprano el rey acabaría matándolo. Así decidió exiliarse y se fue a vivir con los filisteos, los enemigos del pueblo de Dios. La experiencia que él y sus seiscientos hombres vivieron fue una de las más amargas de su vida. Nosotros también, caemos a menudo en este error que nos conduce a indecibles sufrimientos y angustias. ¿Habrá alguna manera de recuperar lo que hemos perdido? 1 Samuel 30:1-31.

LA CONTIENDA POR LA FE 6

Concluimos hoy esta serie de mensajes basados en la carta de Judas en la que se nos insta a luchar con valentía y tesón por la fe una vez dada a los creyentes. La doxología o palabras finales de esta carta constituyen un broche de oro a todos los consejos que se nos dan en la misma. Judas prorrumpe en una exaltada alabanza al único Dios verdadero en estas palabras finales y las precede con una promesa que llena su pecho y el nuestro de un profundo gozo y agradecimiento. Ese poderoso y único Dios puede y quiere guardarnos y preservarnos para que lleguemos hasta su presencia con gran alegría. ¡Bendito sea su glorioso Nombre! Judas 1:24-25.

NO HAGAS CONCESIONES

El periodo histórico que relata el libro de los Jueces es uno de los más difíciles de la historia del pueblo de Dios. Una vez muertos Moisés y Josué el pueblo vive una época de profunda decadencia moral y espiritual. Pero no habían llegado a esta lamentable situación de manera brusca, sino más bien fue algo gradual, que se fue produciendo poco a poco, de manera casi imperceptible. Le reprochan a Dios que está muy lejos de ellos y que sus enemigos los saquean y humillan continuamente. Pero, ¿era Dios el culpable de su decadente situación? ¿Qué importantes y relevantes lecciones tiene este periodo histórico para nosotros hoy? Jueces 2:11-23.

¡QUIETOS! CONTEMPLAD LA GLORIA DE CRISTO EN LA HORA DE LAS TINIEBLAS

La humanidad quiere quitar a Dios de en medio porque le molesta, le recuerda su pecado y su perdición en el día del juicio. A cambio el mundo nos oferta una amplia gama, cada vez mayor, de placeres instantáneos que intentan cautivar nuestro corazón y cauterizar nuestra conciencia. Así, este sistema anticristo pretende que dejemos de mirar a lo celestial y eterno, para que pongamos nuestra mirada en lo terrenal y pasajero. Jesús mismo anunció la llegada de esta hora de tinieblas que estamos viviendo y que los discípulos también experimentaron en el momento de su detención. Las autoridades religiosas iban con antorchas y palos para arrestar a aquel que es la luz del mundo. Pedro resbaló al querer arreglar las cosas a su manera, una manera aun muy carnal; como nos ocurre a nosotros muy a menudo. Depongamos nuestra débiles armas y contemplemos la gloria de Jesús en la hora más oscura. Juan 18:1-12.

OBEDIENCIA Y DESOBEDIENCIA

El rey Saúl nos ofrece el paradigma de lo que nunca debiéramos hacer como hijos de Dios. Su vida y su reinado estuvieron marcados por la desobediencia a Dios, algo que Samuel lamentó porque terminó por arruinar el reinado de Saúl. El Señor tuvo que desecharlo porque la obediencia a medias, también es desobediencia y desagrada a Dios. El rey temió más al pueblo que a Dios, y eso tuvo funestas consecuencias tanto para él como para el pueblo. Hoy estudiaremos cuáles son los amargos frutos de la desobediencia y también cuáles son los deseables frutos de la obediencia a Dios. 1 Samuel 15:1-35