UNA IDENTIDAD, UNA MISIÓN

Hoy examinamos la identidad espiritual de los creyentes a través de la primera carta de Pedro. Veremos que comprender quiénes somos es indispensable para descubrir nuestro propósito vital. El pueblo de Dios es un linaje escogido, un real sacerdocio, una nación santa y un pueblo adquirido, conceptos arraigados en el Antiguo Testamento y cumplidos mediante la obra de Jesucristo. Asimismo, enfatizamos que esta nueva condición no se basa en méritos propios, sino en la gracia divina y en el costoso rescate de la sangre de Cristo. Este reconocimiento debe impulsarnos a vivir de acuerdo con nuestra posición celestial, anunciando públicamente las virtudes, el amor y la grandeza de Dios en medio de un mundo hostil. 1 Pedro 2:9

LA ORDENANZA DEL BAUTISMO

Hoy profundizamos en la ordenanza del bautismo como un mandato directo de Jesucristo, quien, tras su resurrección, recibió toda autoridad para salvar a quienes el Padre le entregó. El bautismo se presenta no sólo como un acto de obediencia, sino como un símbolo poderoso de nuestra unión con Cristo: al ser sumergidos, representamos la muerte de nuestra antigua naturaleza pecaminosa, y al emerger, celebramos nuestra resurrección a una vida nueva y transformada por la gracia soberana de Dios. Además, este acto simboliza la limpieza de pecados, la pertenencia exclusiva al Dios trino y el compromiso público con la iglesia local. Aprovecha esta oportunidad para que tu corazón se llene de gratitud, adoración y una comprensión más profunda de la redención, lo cual será, sin duda, de mucha bendición para tu vida espiritual. Mateo 28:18-20.