ESCUCHAR, CONTEMPLAR Y PROCLAMAR

El mayor problema de la humanidad hoy en día no es la COVID-19, ni la crisis económica que se nos avecina como consecuencia. Tampoco es la falta de trabajo ni la falta de justicia imperante. El auténtico problema de la humanidad es otro distinto, mucho más profundo y mucho más real que todos estos. Nuestro mundo necesita escuchar el auténtico Evangelio de Jesucristo. Muchos se acercan a Dios con motivaciones incorrectas porque el mensaje se ha proclamado mal. La mayoría vienen a Dios solo buscando lo bueno que puedan sacar de Él. Pero en la vida en el Espíritu hay una progresión lógica y natural. Primero escuchamos, después contemplamos y como consecuencia proclamamos. Cada uno de nosotros somos responsables de lo que transmitimos. Juan 1:35-42.

UN LUGAR DE ESPERANZA

La Cena del Señor, también conocida como Santa Cena o Nuevo Pacto, no es un rito mecánico que tenemos que repetir cada cierto tiempo. Tampoco se trata de un evento mágico como piensan algunas personas. Es un memorial con un profundísimo significado para aquellos que han experimentado el nuevo nacimiento. Es una celebración gozosa y llena de vida. En nuestro patrimonio intelectual de Occidente, ‘recordar’ significa ‘retraer’: traer a la mente algo que ya no es una realidad presente. Nada podría estar más lejos de la concepción judía. Para un judío, ‘recordar’ significa participar aquí y ahora en ciertos eventos definidos en el pasado y también en el futuro. 1 Corintios 11:24-25, Lucas 22:17-20.

EL GEMIDO DEL ESPÍRITU

¿Te sientes débil a la hora de orar? ¿Es eso normal, bueno o malo? Jesús habló de la oración como algo habitual en nuestras vidas, es decir, lo dio por sentado como la cosa más natural en cualquier hijo/a de Dios. De hecho, los Evangelios dan testimonio de cómo Jesús oraba frecuentemente y cómo apartaba tiempos especiales para una oración más profunda y especial. Los discípulos sintieron que no sabían orar y le pidieron a Jesús que les enseñase a hacerlo. Todos sentimos que no damos la talla a la hora de la oración. Romanos 8:26-28.

BIENAVENTURADO EL QUE AMA LAS MORADAS DE DIOS

Los salmos han sido durante siglos el manantial del que han bebido innumerables hijos de Dios porque en ellos se expresan los más profundos anhelos del alma humana. Hoy analizamos el 84, un salmo del peregrino, que se solía entonar durante el viaje a Jerusalén para asistir a alguna de las festividades sagradas. Salmo 84.