SOLDADOS

El estilo de vida actual, con sus muchas comodidades y la abundancia de tiempo libre para hacer lo que nos apetece tiene un lado negativo que suele pasar desapercibido. La comodidad y el bienestar se dan por sentado hoy en día, pero este hecho nos ha ido cambiando generación tras generación hasta llegar a la actual, en la que los niños y jóvenes son sobreprotegidos hasta extremos que llegan a ser enfermizos. Hoy queremos las cosas instantáneas, casi sin esfuerzo, pulsando un botón o a golpe de clic. El resultado es una generación que moral y psicológicamente es muy débil en comparación con generaciones pasadas. La Palabra de Dios nos muestra un camino distinto para no caer en la indolencia y la pasividad propias del siglo XXI. 2 Timoteo 2:1-13.

UN CORAZÓN CONTRITO

El dolor tiene una función fundamental en nuestro organismo. Nos avisa de que algo está mal, hay algún daño o algo nos está atacando. Lo que se aplica al cuerpo, también se aplica al alma. Un dolor emocional o anímico también nos está avisando de una agresión. Pero a veces estamos recibiendo o infligiendo algún tipo de daño y no sentimos dolor. Pudiera ser que estemos anestesiados física, psíquica, emocional o espiritualmente. Pudiera ser que estemos endurecidos, insensibilizados, adormecidos, y aquí hay un terrible peligro. Salomón nos previene contra este tipo de endurecimiento que pudiera provocar nuestra mayor ruina. 1 Reyes 8:33-34

RECUPERANDO LO PERDIDO

Cuando apartamos nuestra mirada del Señor y comenzamos a intentar dirigir nuestras vidas con la «sabiduría del mundo», es muy habitual que acudamos a refugios que no nos pueden proteger. Esto fue lo que vivió David en el pasaje que hoy examinamos. El rey Saúl lo buscaba para matarlo y él dejó que un temor anidara en su corazón. David llevaba años huyendo de Saúl y pensó que más tarde o más temprano el rey acabaría matándolo. Así decidió exiliarse y se fue a vivir con los filisteos, los enemigos del pueblo de Dios. La experiencia que él y sus seiscientos hombres vivieron fue una de las más amargas de su vida. Nosotros también, caemos a menudo en este error que nos conduce a indecibles sufrimientos y angustias. ¿Habrá alguna manera de recuperar lo que hemos perdido? 1 Samuel 30:1-31.

LA CONTIENDA POR LA FE 4

Cuando una iglesia no combate con ardor por la pureza de la doctrina y por la pureza de su testimonio, en muy poco tiempo esa iglesia habrá perdido por completo su capacidad de ser sal y luz, y por lo tanto, habrá dejado de ser una auténtica iglesia en el sentido bíblico de la misma. Siempre tenemos y tendremos la necesidad de estar combatiendo por la pureza de la fe. Judas hace referencia al final del texto que estudiamos a tres grupos de personas en la iglesia. Hoy veremos cómo debemos relacionarnos con estos tres grupos de individuos. ¿Es la duda pecado? ¿Cómo debemos tratar con aquellos que ya han sido contaminados con falsas doctrinas? ¿Y con los contumaces que se han apartado de la pureza del Evangelio y están contaminando también a otros? ¿Está el amor reñido con la disciplina?
Judas 1:17-23