NO ME AVERGÜENZO DEL EVANGELIO

Parece ser que entre los cristianos romanos se había extendido la idea de que Pablo no se atrevía a ir a Roma porque allí estaban los más afamados oradores y filósofos y que él les temía. Algún tiempo antes Pablo había estado hablando en el Areópago de Atenas con los filósofos griegos y estos desdeñaron su mensaje y pronto dejaron de escucharlo. Sin embargo, Pablo hace una valiente defensa del Evangelio y de la fe cristiana en esta carta que contiene algunas de las verdades más potentes y liberadoras del mensaje cristiano. La fuerza del Evangelio no reside en su lógica, o en el hecho de que sea una fe razonada y razonable. La fuerza del Evangelio está en el hecho de que contiene el poder de Dios para transformar las vidas. Y este no es una invención de la sabiduría humana, sino que es una creación de Dios. Tan es así, que sólo aquellos que han sido ordenados por Dios para comprenderlo, son los únicos que realmente pueden entenderlo y aceptarlo al haber sido transformadas sus mentes por Dios mismo. Romanos 1:13-17.

DE LA CUEVA AL CIELO

Todos, más tarde o más temprano pasamos por días de prueba. Cuando las sombras de la enfermedad, o el quebranto financiero, o la crisis familiar, o la muerte de algún ser querido atenazan nuestra alma y nos sentimos atrapados en una cueva oscura y fría. La angustia, la tristeza, la soledad, el dolor, la incomprensión o la traición llegan a quebrantar nuestra alma. ¿Dónde acudimos en búsqueda de alivio y descanso? ¿Cuál es nuestra oración, cuál es nuestra canción? David, el rey escogido por Dios para liderar a su pueblo, vivió varias experiencias de este tipo. Y en el Salmo 57 que hoy analizaremos, podemos ver cómo él abre su corazón y nos muestra el camino para superar estos momentos de angustia. Salmo 57.

DOS TIPOS DE FE

Hoy se pondera el individualismo y se afirma que hay muchas verdades, tantas como individuos. Pero la Palabra de Dios nos muestra claramente y de forma insistente que sólo hay una Verdad y que la fe que nos salva y nos conduce a la vida eterna es también sólo una. Hechos 8 nos presenta dos tipos de fe. Por un lado, la de Felipe y los que habían salido de Jerusalén en la persecución, y por otro la de Simón el mago. ¿Qué las diferencia? ¿Cómo podemos estar seguros de que nuestra fe es para salvación y no una fe vana y falsa? Hechos 8:4-25.

SOLDADOS 2ª parte

El apóstol Pablo nos llama a todos los cristianos a vivir, no sólo como buenos soldados de Jesucristo, sino también a luchar de manera legítima, como hacen los auténticos atletas. Estos sólo son coronados si han luchado legítimamente, es decir, conforme a la ley, en nuestro caso, la Ley de Dios. Debemos ser meticulosos en nuestro servicio al Señor. No vale solamente con «tener buenas intenciones», con hacerlo de corazón. Porque se pueden tener muy buenas intenciones, y aun así hacer las cosas mal, porque Dios ya nos ha revelado cómo quiere que hagamos las cosas. No según nuestro sincero «saber y entender», sino según Él ya nos ha revelado en su Palabra. 2 Timoteo 2:1-13.

LOS CREYENTES COMO SAL Y LUZ EN EL MUNDO

Los capítulos 5 al 7 de Mateo contienen el conocido «sermón del monte» que recoge los principios y leyes del Reino de Dios que Jesús vino a inaugurar. Comienza nombrando a todos aquellos que han sido escogidos de entre todo el mundo para formar parte de ese Reino, a los que Jesús llama «bienaventurados» porque vivirán los beneficios de este nuevo «orden mundial». A continuación se nos recuerda que ser parte de este nuevo estado, conlleva una importante y trascendental responsabilidad, la de ser sal y luz en medio de un mundo que vive aun en tinieblas y alejado de este nuevo Reino. Mateo 5:13-16

¿HASTA DÓNDE ESTÁS DISPUESTO A LLEGAR?

Pedro y Juan subieron al templo a la hora de la oración y el cojo que pedía limosna en la puerta Hermosa recibe aquel día el mayor regalo que podría esperar, su sanidad completa. Los líderes religiosos se enfadan porque miles de personas venían a escuchar las palabras de Pedro que les hablaba de la resurrección. Ellos, que poco tiempo antes habían temido por su propia vida, ahora muestran una valentía y un arrojo inusuales. ¿Qué les ha pasado? ¿Cómo es posible un cambio de actitud tan radical en aquellos que sólo unos días antes habían huido como conejillos asustados? ¿Qué necesitamos tú y yo para vivir vidas intrépidas que glorifiquen el nombre de nuestro Dios? Hechos 4:1-22.

ALZAD LOS OJOS

Cuando los discípulos vuelven de Sicar con la comida, se encuentran a Jesús hablando con una mujer samaritana. La sorpresa inicial por tan inusual proceder de Jesús da paso a una mayor extrañeza cuando comprueban que Jesús se niega a comer. Los discípulos no comprenden al Maestro y muestran su inmadurez y su falta de visión espiritual en todo este asunto. La misma inmadurez y falta de visión espiritual que experimentamos aquellos que nos identificamos como discípulos de Jesús en muchas ocasiones. En cambio, es de admirar la sencillez, la humildad y la pronta disposición de los samaritanos hacia Jesús cuando le rogaron que se quedase con ellos. Nosotros podemos pensar que aquellos que nos rodean aun no están listos para recibir el Evangelio y al Señor del Evangelio, pero Jesús nos dice como entonces “Alzad vuestros ojos y mirad que los campos están listos para la cosecha.” Juan 4:1-42.

SI TÚ SUPIERAS…

Hoy la Palabra nos lleva al capítulo cuatro de Juan. Allí asistimos al encuentro de dos personas sedientas. Ambas tienen sed física, pero mucho más importante, tienen una profunda sed espiritual. Por un lado la samaritana busca algo que sacie su sed interna de felicidad, de realización, de paz, de significado. Por otro está Jesús, cuya sed por cumplir con la voluntad del Padre le ha llevado hasta Sicar, un remoto lugar de Samaria aparentemente olvidado de Dios. Escucha con atención la profunda conversación que se entabla entre estas dos personas sedientas de muy distintas cosas. Si miras sincera y genuinamente en lo más profundo de tu corazón, encontrarás esa misma sed que vemos en la samaritana. Y si abres bien tus oídos y tu corazón, también podrás encontrar el manantial de agua viva que ella encontró aquella gloriosa tarde. Juan 4:1-29.

PARA MÍ EL VIVIR ES CRISTO 2

Continuamos hoy examinado la vida del apóstol Pablo y en especial sus palabras tan conocidas y repetidas, aunque muchas veces mal interpretadas. «Para mí el vivir es Cristo». Hay pequeñas cosas que pueden parecer sin importancia pero que son señales, indicadores que muestran cómo está nuestro corazón, lo que realmente hay en el fondo del mismo. Cómo invertimos nuestro tiempo y nuestro dinero, qué cosas nos traen felicidad, lo que nos conforta, lo que nos molesta, lo que no podemos soportar, lo que anhelamos. Todas estas cosas revelan a lo que le damos importancia y a lo que no. Se nos llena la boca diciendo: “El Señor se lo merece todo”, o “el Señor me pide más”, entonces, ¿por qué no se lo das? Comienza a andar, empieza a tomar decisiones, no lo dejes para más adelante, no apagues al Espíritu si te está mostrando algunas cosas, y empieza a actuar, a tomar resoluciones. No lo dejes para mañana, eso es un engaño del enemigo, Dios dice HOY. Filipenses 1:12-26.

EL TESTIMONIO DE JUAN EL BAUTISTA

En el mensaje anterior estuvimos considerando el carácter de Juan el Bautista, de manera que concluimos que fue un gran hombre, desde la perspectiva de Dios. Hoy nos centraremos en el mensaje y el testimonio que Juan dio acerca de Jesús de Nazaret. Las verdades que encierran lo que Juan anunció sobre Jesús son imprescindibles para la fe cristiana. Juan proclamó que el que venía tras él nos bautizaría con el Espíritu Santo, que era el Hijo de Dios y que también era el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Juan nos informa que aunque él no conocía quién era el Mesías, sí había recibido de Dios unas señales que nos mostrarían de manera inequívoca quien era aquel a quien la humanidad estaba esperando desde la caída en Edén. Juan 1:1-37.