EL TRIUNFO DEL SIERVO

En la profecía mesiánica de Isaías en los capítulos 52 y 53 de su libro vemos tres imágenes que describen lo que está por ocurrir en el plan redentor de Dios. Son como un tríptico de nos muestra la obra perfecta del Siervo del Señor. En uno vemos su exaltación hasta lo sumo al ser prosperado y triunfar en sus santos propósitos. En otro vemos su profunda humillación hasta el punto de estar completamente desfigurado. En el tercero, vemos como alcanza a las naciones y las gana para sí en esta bendita misión que el Padre le encomendó. Contemplemos la belleza y la perfección de este Siervo que, aunque destrozado por el juicio divino, a la vez se levanta victorioso sobre todos sus enemigos. ¿Cómo son posibles ambas cosas? ¿No parecen una contradicción? Abre tus ojos en asombro y contempla perfecta obra de la salvación. Isaías 52:13-53:12

CUIDADO CON EL ORGULLO, LA IMPACIENCIA Y LA RELAJACIÓN

Somos muy conscientes de la necesidad que tenemos de la ayuda de Dios, de la paz que viene de Él y de la seguridad necesaria para enfrentar los desafíos de la vida. La palabra de hoy está encaminada a proveernos de estos recursos si la aplicamos a nuestra vida, a nuestras decisiones diarias y a nuestra cosmovisión. Dios, a través del apóstol Pedro, nos llama a combatir tres debilidades del carácter que nos roban la paz y nos apartan de la comunión con Dios: el orgullo, la impaciencia y la indolencia. 1 Pedro 5:1-11

PREPARANDO EL RELEVO

Tras ver a Elías en su día malo en el mensaje anterior, cuando se sentía derrotado, Dios le salió al encuentro en Horeb y allí lo restauró y le encomendó una nueva misión. Debía ungir a varios reyes y también establecer a su sucesor. Y Elías se puso de nuevo en camino para cumplir con su misión. Elías salió de Horeb por la fe, porque la auténtica fe siempre obra, tiene fruto que permanece. En el pasaje de hoy vamos a analizar cuatro rasgos de Elías: su fe activa que se demuestra en la obediencia, su alto concepto del llamado divino, su independencia emocional respecto al cargo y su humildad profunda que evita el control sobre los demás. El propósito final es motivarnos a desarrollar una devoción saludable, donde la fidelidad a la misión se combine con el desprendimiento personal y la centralidad absoluta de Dios. 1 Reyes 19:19-21.

ANTES DE QUE LLUEVA

Elías, un hombre a contracorriente 4 – Antes de que llueva – 1 Reyes 18:17-46 – Israel Sanz

Hoy contemplamos al hombre de Dios enfrentado a los profetas de Baal. Lo que mueve a Elías a esta confrontación épica es su celo por vindicar al Dios de Israel. La tierra se había llenado de altares idolátricos a Baal y Asera, por eso Dios había cerrado los cielos para que no lloviese. Así el verdadero Dios estaba ejecutando su juicio sobre estas falsas divinidades que representaban precisamente la lluvia, la fertilidad y la abundancia. También ejecutaba su justo juicio sobre todos aquellos que habían confiado en estos dioses ilusorios. Elías reta a los profetas de Baal sobre el monte Carmelo, de esta manera antes de que llegase la lluvia era necesario que ocurrieran tres hechos fundamentales: verdadera adoración, limpieza y oración.

MANSEDUMBRE Y VILEZA

– Vida en su Nombre 45 –

Hoy asistimos al contraste infinito que existe entre el alma pura, mansa y humilde de Jesús, con la vileza, la hipocresía y la falsedad de aquellos que estuvieron presentes en su arresto y posterior «juicio». Entre la parodia de justicia de Anás y el beso traicionero de Judas, ¿dónde reside la mayor ceguera ante la verdadera identidad de quien tenían delante? Y es que para el corazón de piedra que no ha recibido el divino toque vivificador es imposible ver la grandeza de Dios aunque esté delante de nuestras propios ojos. Juan 18:1-24.

DIVERSIDAD Y CRECIMIENTO EN LA UNIDAD

La unidad orgánica de la Iglesia es una realidad que Dios mismo se encarga de crear y mantener. No obstante, unidad no es igual a uniformidad. Al igual que Dios es uno, pero en Él hay una pluralidad de personas; la Iglesia también es una con una diversidad que la enriquece y completa. Cada hijo de Dios ha recibido algún don espiritual, un regalo recibido por gracia, que debe ser utilizado para la edificación mutua. Cristo reparte esos dones como Él quiere y a quien Él quiere en el ejercicio libre y sabio de su soberanía. Cada miembro del Cuerpo debe conocer y usar los dones que ha recibido con un espíritu de entrega y amor a sus hermanos en Cristo. Si quieres saber cuál es tu don, comienza a actuar en fe y en humildad en medio del Cuerpo, y pronto será evidente para todos cuál es ese don que has recibido del Señor. Efesios 4:1-16.

GUARDA LA UNIDAD DEL ESPÍRITU

La unidad, aunque es una realidad orgánica ya consumada en Cristo, requiere un esfuerzo activo («solícitos en guardar la unidad») por parte de los creyentes. Entramos a considerar las virtudes necesarias para mantener esta unidad: humildad, mansedumbre, paciencia y amor, contraponiéndolas al individualismo y al orgullo. Además, se describe la unidad mediante siete realidades inmutables compartidas por todos los auténticos creyentes: un cuerpo, un espíritu, una esperanza, un Señor, una fe, un bautismo, y un Dios y Padre de todos. El propósito es exhortar a la congregación a vivir una vida congruente con su identidad en Cristo, superando las divisiones y cultivando un amor genuino para reflejar la unidad que hay en Dios mismo. Efesios 4:1-6.

LA PODA

– Vida en su Nombre 38 –

Hoy nos centramos en los dos primeros versículos del capítulo 15 del Evangelio de Juan. Entraremos a analizar la metáfora que Jesús utilizó al hablar de la vid y los pámpanos para explicar la relación entre Dios y los hijos del Reino. El viticultor sabe que para que una viña dé buenos frutos es imprescindible realizar una poda bastante profunda de manera regular. El mensaje se centra en la promesa expresada en la verdad de que los discípulos de Jesús llevarán fruto. El énfasis principal se coloca en esa promesa, que se interpreta como la poda divina: un proceso doloroso pero necesario mediante el cual Dios, actuando como el experto viticultor, elimina aquello que impide un mayor crecimiento espiritual para que el hijo de Dios pueda dar más fruto para su gloria. Juan 15:1-2.

JESÚS Y LAS CAUSAS PERDIDAS

En el mensaje de hoy veremos a dos personas muy distintas, pero ambas necesitaban desesperadamente algo de Jesús. Por un lado un hombre rico, prominente, respetado y muy religioso que tenía un importante trabajo en la sinagoga de Capernaum. Por otro lado, una mujer despreciada por padecer una enfermedad incurable que la hacía impura socialmente. Alguien que había gastado todo lo que tenía en médicos, pero no le había servido de nada, sino para perder todo su dinero, de manera que estaba totalmente arruinada. Por su parte el hombre, tenía a su hija muy enferma y estaba agonizando cuando llegó hasta Jesús. Lo que él no sabía es que mientras buscaba a Jesús, su hija ya había fallecido. Eran dos causas perdidas para este mundo. Pero ambos acudieron a Jesús y sus vidas cambiaron radicalmente. Como tu vida también podría hoy cambiar de manera esencial y definitiva si acudes a Jesús en humildad y fe como ellos hicieron. Marcos 5:21-43.

EL DIOS SIERVO

– Vida en su Nombre 31 –

Jesús lavó los pies de sus discípulos antes de aquella última cena de Pascua. ¿Qué quiso Jesús enseñarles a ellos y a nosotros con este gesto cargado de simbolismos? Ellos no entendieron lo que Jesús hacía. No captaron el significado profundo y absolutamente espiritual de este hecho que los dejó atónitos. Para el mundo, los principales, los importantes, los que están arriba en la cadena de mando son los que reciben el servicio y los honores de sus subordinados. Pero Jesús, nuevamente nos sorprende con principios totalmente distintos a los de nuestro mundo. Él, que es el Maestro y el Señor, el Alto y Sublime que habitaba la eternidad, el Creador de toda vida y la Luz misma que nos alumbra, Él tomó la forma del más bajo y menos importante de todos los siervos de una casa, para hacer el trabajo que nadie quería hacer. Abramos nuestra mente y nuestro corazón para comprender las lecciones eternas que este gesto tuvo y tiene para cada hijo de Dios. Juan 13:1-20.