UN GRAN PERDÓN, UN GRAN AMOR

Lucas nos relata un hecho importante en la vida de Jesús que dio paso a una enseñanza profunda y básica en el Reino de Dios. Jesús es invitado a comer en casa de un fariseo y la historia se centra en dos personas como protagonistas. Por un lado está el propio fariseo anfitrión que recibe a Jesús en su casa. Por otro aparece una mujer «pecadora», un eufemismo con el que se solía denominar a las prostitutas. La actitud de ambas personas hacia Jesús es completamente distinta. En el transcurso de la comida Jesús cuenta una de sus conocidas parábolas, la del acreedor y los dos deudores. El corazón de esta parábola tiene vigencia en nuestra vida hoy y en la vida de todos a quienes Jesús se acerca. Nuestra respuesta a esta enseñanza también será acorde con la misma. O estaremos en el lado del fariseo, o estaremos en el lado de la «pecadora». Juan 7:36-50.

EN QUÉ ALABARSE

Hoy la Palabra del Señor nos recuerda que no debemos alabarnos en nuestros conocimientos, ni en las riquezas, ni en nuestra valentía. Es muy fácil para cualquiera de nosotros, a pesar de ser cristianos, el caer en este error tan humano y tan habitual. Miramos a nuestro alrededor y vemos avances tecnológicos con los que nuestros abuelos ni siquiera soñaron en alcanzar. Admiramos el crecimiento de las ciudades y nos asombran sus inmensos edificios y construcciones de ingeniería que nos sorprenden cada vez más. Podemos comunicarnos con familiares que están a miles de kilómetros de distancia con un aparato que cabe en la palma de nuestra mano. Al contemplar todo esto es fácil pensar que el ser humano es grande. Jeremías 9:23-24

CONOZCAN LAS NACIONES QUE NO SON SINO HOMBRES

La pandemia mundial que estamos viviendo por el Covid-19 nos trae de vuelta a la realidad de nuestra fragilidad como seres humanos finitos. La soberbia de la humanidad en el siglo XXI ha sido fuertemente golpeada por un pequeño agente invisible que está haciendo que muchos caigan de su vanagloria. No somos tan grandes, tan fuertes, ni tan sabios como muchas veces nos creemos. Nos hacía falta un baño de humildad. Salmo 9:19-20.