SI TÚ SUPIERAS…

Hoy la Palabra nos lleva al capítulo cuatro de Juan. Allí asistimos al encuentro de dos personas sedientas. Ambas tienen sed física, pero mucho más importante, tienen una profunda sed espiritual. Por un lado la samaritana busca algo que sacie su sed interna de felicidad, de realización, de paz, de significado. Por otro está Jesús, cuya sed por cumplir con la voluntad del Padre le ha llevado hasta Sicar, un remoto lugar de Samaria aparentemente olvidado de Dios. Escucha con atención la profunda conversación que se entabla entre estas dos personas sedientas de muy distintas cosas. Si miras sincera y genuinamente en lo más profundo de tu corazón, encontrarás esa misma sed que vemos en la samaritana. Y si abres bien tus oídos y tu corazón, también podrás encontrar el manantial de agua viva que ella encontró aquella gloriosa tarde. Juan 4:1-29.

LAS EMOCIONES Y EL AMOR

Nadie con un mínimo de sensibilidad y espíritu crítico puede negar que vivimos tiempos peligrosos. Jamás en la historia de la humanidad ha existido tanta riqueza y prosperidad, y paradójicamente, nunca ha habido tanta insatisfacción y desesperanza como hay hoy. Vivimos en la dictadura de los sentimientos. Se insiste machaconamente en la idea de que debemos seguir lo que nos dicte el corazón y así seremos felices. Pero ignoramos consciente o inconscientemente que no todo lo que nos hace sentir bien proviene del amor. Y es que el amor humanista que hoy se nos enseña y se nos predica por todos los medios de comunicación es, en realidad, una triste caricatura del verdadero AMOR que nos conduce a la auténtica felicidad. Este amor realmente significativo y significante no va desligado de la verdad. Proverbios 3:5-8.

¡QUE ÉL CREZCA!

Los discípulos de Juan el Bautista informan a este de que el pueblo se está yendo con Jesús y que sus seguidores van en aumento, mientras que los del Bautista disminuyen cada día. Esto los llena de perplejidad y piensan que la obra de Dios se está dividiendo y, por lo tanto, temen que se malogre. Sin embargo, Juan demuestra tener una visión muy distinta a la de sus discípulos y les asegura que es todo lo contrario a lo que ellos piensan. Lo justo, lo correcto, lo que Dios espera es precisamente lo que está ocurriendo, que la popularidad de Jesús crezca, mientras que la suya mengüe. Y es que Juan tiene muy clara cuál es su identidad, cuál es su labor y cuál es el lugar que debe tener Jesús en el crecimiento y desarrollo del Reino de Dios. En lugar de entristecerse por estas noticias, Juan se alegra porque su fe está correctamente depositada en la voluntad de Dios. Juan comprende que su tiempo se acaba y obedientemente se echa a un lado, para que sea Jesús quien brille y quien reciba todo el honor. Así precisamente es como debe ser. Juan 3:22-36.

SÍGUEME

Este es el quinto mensaje de la serie «Vida en su Nombre» basado en el Evangelio de Juan. Hoy el Señor le pregunta a algunos de sus discípulos, «¿qué buscáis?» y también nos lo pregunta a cada uno de nosotros. En el texto de hoy veremos que Jesús nos recibe, nos transforma, nos exige y a la vez se nos da durante todo este proceso. Juan 1:35-51.

LA GRANDEZA DE JUAN EL BAUTISTA

El evangelista Juan nos presenta en el pasaje de hoy al precursor del Mesías. Aquel del que habló Isaías en su capítulo 40, la voz de uno que clama en el desierto. Este es uno de los muchos testimonios que Juan nos presentará a lo largo de su evangelio y que tienen como finalidad el guiarnos en la fe hacia la vida, la vida auténtica y verdadera, que se sólo se encuentra en Jesús. ¿Qué hace que una persona sea una gran persona? Si seguimos los patrones del mundo concluiremos llegando a un modelo completamente erróneo. El evangelista nos presenta aquí en Juan el bautista el paradigma de una gran persona desde el punto de vista de Dios. Juan 1:1-37.