LA RAÍZ DE LA INGRATITUD
Es muy fácil acostubrarse a las bendiciones cotidianas de Dios y empezar a menospreciarlas. La ingratitud nos ciega ante el cuidado de Dios y despierta un descontento continuo. Al enfrentar dificultades o desiertos en la vida de fe, existe la tentación de mirar atrás y extrañar aspectos de la vida sin Dios o del estilo de vida antiguo. Recordar el pasado sin su verdadero contexto de esclavitud o pecado puede llevar al estancamiento espiritual. Vivimos en una sociedad de consumo que empuja a confundir deseos con necesidades reales. La enseñanza bíblica invita a cultivar el contento y a valorar la provisión diaria de Dios por encima del apetito desmedido. Números 11:4-6.

