INTRODUCCIÓN 3 – LOS DESTINATARIOS

Esta tercera y última parte de la introducción se centra en los destinatarios, aquellos llamados a ser de Jesucristo mediante un llamamiento eficaz y soberano que establece una unión íntima y vital con Él, comparable al vínculo matrimonial. Además, Pablo los identifica como el verdadero pueblo de Dios, sus «amados» y «santos», quienes son objeto del hesed o amor leal y eterno del Señor. Finalmente, los presenta como las personas más bendecidas de la tierra por poseer la gracia y la paz de Dios, un favor inmerecido y un bienestar integral que les sostiene incluso ante las pruebas más oscuras, como las persecuciones en la Roma de Nerón. Por ello, se nos exhorta a estar atentos y expectantes, siendo diligentes en la meditación y la oración para que estas verdades «ardan en el pecho» y produzcan una transformación real, dándonos fe y fortaleza nueva para vivir conforme a la Palabra de Dios. Romanos 1:1-7.

EL TRIUNFO DEL SIERVO

En la profecía mesiánica de Isaías en los capítulos 52 y 53 de su libro vemos tres imágenes que describen lo que está por ocurrir en el plan redentor de Dios. Son como un tríptico de nos muestra la obra perfecta del Siervo del Señor. En uno vemos su exaltación hasta lo sumo al ser prosperado y triunfar en sus santos propósitos. En otro vemos su profunda humillación hasta el punto de estar completamente desfigurado. En el tercero, vemos como alcanza a las naciones y las gana para sí en esta bendita misión que el Padre le encomendó. Contemplemos la belleza y la perfección de este Siervo que, aunque destrozado por el juicio divino, a la vez se levanta victorioso sobre todos sus enemigos. ¿Cómo son posibles ambas cosas? ¿No parecen una contradicción? Abre tus ojos en asombro y contempla perfecta obra de la salvación. Isaías 52:13-53:12

DIOS EN MI AYER, HOY Y MAÑANA

El apóstol Pedro nos presenta la base de la fe cristiana en los primeros versículos de su primera carta. Usa una fórmula trinitaria para mostrarnos cómo Dios actuó ya en nuestro pasado, actúa en nuestro presente y seguirá actuando en nuestro futuro. Esta verdad nos consuela y nos llena de esperanza y seguridad al comprobar el amor y el cuidado que el Padre tiene hacia sus hijos. Hoy analizamos estas cuestiones y también abordaremos otros asuntos relativos a la fe y a la vivencia de esa fe que decimos tener. ¿Cómo podemos estar seguros de que nuestra fe es la auténtica que salva? ¿Hay una fe que puede ser correcta doctrinalmente, pero inservible en la práctica? ¿Cuál es la prueba de que nuestra fe es correcta bíblicamente hablando? 1 Pedro 1:3-5.

MISIÓN CUMPLIDA

– Vida en su Nombre 43 –

Hoy analizamos un pasaje central en las últimas horas de Jesús justo antes de enfrentar el momento más amargo de su vida como hombre. Jesús ora al Padre justo antes de su crucifixión. En estos versículos el Señor presenta un informe al Padre de su misión cumplida y le formula un ruego. En el mensaje de hoy nos centramos en el informe y en el próximo mensaje analizaremos la petición. El análisis de este informe contrasta la obediencia y fidelidad de Jesús (el «postrer Adán») con la desobediencia y el fracaso de Adán (el «primer Adán»). Se destaca la obra de Jesús como la manifestación del Nombre de Dios y la impartición de la vida eterna, que consiste en conocer al Padre y al Hijo. Finalmente, se hace una invitación a la reflexión personal sobre la propia fidelidad y se ofrece esperanza en el perdón y el poder de Dios a través de Jesucristo. Juan 17:1-8.

EN MI LUGAR

¿Estás preparado para enfrentar la muerte? Aunque parezca una posibilidad remota, nada hay más seguro en esta vida que el hecho de que todos nosotros tendremos un día que transitar ese viaje que nos llevará al más allá. ¿Hay alguna forma de asegurarse la vida plena después de esta vida? Hoy exploramos la doctrina cristiana del bautismo, tal como se presenta en las Escrituras. Descubriremos que en Adán todos pecamos, pero que en Cristo todos podemos ser reconciliados en virtud de la gloriosa doctrina de la sustitución. Mateo 3:13-15 y Lucas 23:33, 45.

EN EL DÍA MALO

Todos pasamos por lo que la Biblia denomina «el día malo». Son periodos de gran dificultad en los que nos sentimos como abandonados por Dios. En esos momentos sentimos que le hemos fallado a Dios y a los demás y que no merecemos nada más que el juicio y el castigo divino. El rey David también experimentó momentos así, como aquel en el que escribió el Salmo que hoy estudiaremos. Su propio hijo Absalón se levantó contra él dando un golpe de estado. David huyó de Jerusalén acompañado por su familia y los hombres que le eran leales. Salió llorando y con el corazón destrozado. En el Salmo 3, que escribió durante este tiempo, dejó registrado cómo salió de tan penosa situación. Salmo 3.

NO ME AVERGÜENZO DEL EVANGELIO

Parece ser que entre los cristianos romanos se había extendido la idea de que Pablo no se atrevía a ir a Roma porque allí estaban los más afamados oradores y filósofos y que él les temía. Algún tiempo antes Pablo había estado hablando en el Areópago de Atenas con los filósofos griegos y estos desdeñaron su mensaje y pronto dejaron de escucharlo. Sin embargo, Pablo hace una valiente defensa del Evangelio y de la fe cristiana en esta carta que contiene algunas de las verdades más potentes y liberadoras del mensaje cristiano. La fuerza del Evangelio no reside en su lógica, o en el hecho de que sea una fe razonada y razonable. La fuerza del Evangelio está en el hecho de que contiene el poder de Dios para transformar las vidas. Y este no es una invención de la sabiduría humana, sino que es una creación de Dios. Tan es así, que sólo aquellos que han sido ordenados por Dios para comprenderlo, son los únicos que realmente pueden entenderlo y aceptarlo al haber sido transformadas sus mentes por Dios mismo. Romanos 1:13-17.

NO TEMAS, ALÉGRATE MUCHO

– Vida en su Nombre 28 –

“¡Mirad, el mundo se va tras él!”, dijeron los fariseos. El gentío de agolpaba a la entrada de Jerusalén portando ramas de árboles y palmas que ponían a modo de alfombra para que pasase Jesús, quien venía subido en un asno. Los fariseos respiraban odio contra el Maestro y su envidia tramaba planes homicidas contra Él. La multitud se dejaba llevar por sus deseos de liberación del pesado yugo romano y lo expresaban con gritos de júbilo. Sin embargo Jesús venía con un plan muy superior porque no pretendía librarlos del poder de Roma, sino del poder mucho más esclavizante que reinaba en sus corazones: el poder del pecado. Juan 12:12-19.

MUERTOS AL PECADO, VIVOS PARA DIOS

Hay una versión aguada, descafeinada del Evangelio, de una gracia barata, diluida y completamente falta de poder. En el pasaje en el que hoy meditamos aparece una solemne verdad que es el corazón mismo del Evangelio: Jesús mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz. El Justo, el Impecable murió, pero además también vivió por nosotros, cumpliendo así con toda justicia las demandas de la Ley divina. Pero además también nos enseña que el pecado no nos dominará más. ¿Tienes un deseo sincero de ser santo, de obedecer perfectamente al Padre en todo? El Evangelio no solo nos declara justos, sino que también pretende hacernos justos.
1 Pedro 2:24-25

GRACIA, FE Y SEGURIDAD

¿Qué ha hecho Dios para afirmar, asegurar, y garantizar la promesa de que su pueblo heredará la promesa hecha a Abraham y su descendencia? ¿Y cómo se alcanza esa promesa, es solo por fe? ¿Por qué Pablo insiste en este capítulo cuatro de Romanos en hablar de la «justicia de la fe»? ¿Entendemos bien hoy en día qué es la gracia y qué es la fe? Es más, ¿entendemos realmente la relación que existe entre fe y gracia? ¿Podemos estar seguros al 100% de que recibiremos aquello que Dios ha prometido a quienes tienen la fe de Abraham? Descubre hoy con nosotros guiados por el apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, la respuesta a estas preguntas.
Romanos 4:13-21