EL CORAZÓN DEL PADRE

El corazón del Padre – Lucas 15:11-32 – Elías Sanz

Jesús enfrenta a los fariseos y escribas con tres parábolas que muestran el corazón paternal de Dios, frente al corazón duro y frío de estos estudiosos de la Ley. Son la oveja perdida, la moneda perdida y el hijo perdido (más conocida como el hijo pródigo o el Padre amante). Hoy entramos a analizar esta última. Todo auténtico creyente se identificará inmediatamente con el hijo menor de esta parábola. El rebelde que se levanta orgulloso y desafiante contra su padre, aquel que le dio la vida, para vivir su vida a su propia manera, sin las reglas y los consejos de su progenitor. Así hemos vivido muchos, alejándonos de la casa del Padre para vivir haciendo lo que los impulsos egoístas de nuestros corazones desviados nos pedían. Hasta que llega un día en que tocamos fondo y es entonces cuando nos alcanza la gracia del Padre que nos sigue amando a pesar de nuestro desprecio.

EL DIOS QUE PRESERVA SU HERENCIA

El Dios que preserva su herencia – Números 36:1-13 – Joselo Mercado

El corazón humano se resiste a los límites. A nadie nos gusta que nos digan cómo debemos vivir. Sin embargo, cuando somos padres ponemos límites a nuestros hijos, les damos normas y restricciones. No lo hacemos por egoísmo, ni porque deseemos amargar la vida de nuestros hijos, más bien todo lo contrario. Lo que procuramos es su bienestar, su pleno desarrollo, su felicidad y su prosperidad. Dios también ama a su pueblo, y precisamente por eso, nos da normas, leyes y preceptos que deben regir nuestras vidas. Él no lo hace porque quiera amargarnos la existencia, sino al contrario, para que vivamos de manera plena y feliz junto a Él. Números 36:1-13.

UNA ALABANZA INFORMADA

Una alabanza informada – Efesios 1:3-14 – Lucas Martínez

En el mensaje de hoy exploramos una profunda verdad para todos aquellos que está EN CRISTO. El primer capítulo de la carta del apóstol Pablo a los efesios nos revela esta verdad en la cual entendemos cómo el Padre nos ha elegido y adoptado, el Hijo nos ha redimido y dado herencia, y el Espíritu Santo nos ha sellado. La unión intrínseca con Cristo es el fundamento de estas bendiciones trinitarias, las cuales no son materiales, sino eternas y transformadoras. El propósito central de todas estas bendiciones es que vivamos para la alabanza de la gloria de Dios, lo que debería inspirar una alabanza informada en cada aspecto de nuestra vida, en cada momento que vivimos, sin importar las circunstancias cambiantes y pasajeras por las que estemos atravesando en estos momentos.

NO TEMAS, ALÉGRATE MUCHO

– Vida en su Nombre 28 –

“¡Mirad, el mundo se va tras él!”, dijeron los fariseos. El gentío de agolpaba a la entrada de Jerusalén portando ramas de árboles y palmas que ponían a modo de alfombra para que pasase Jesús, quien venía subido en un asno. Los fariseos respiraban odio contra el Maestro y su envidia tramaba planes homicidas contra Él. La multitud se dejaba llevar por sus deseos de liberación del pesado yugo romano y lo expresaban con gritos de júbilo. Sin embargo Jesús venía con un plan muy superior porque no pretendía librarlos del poder de Roma, sino del poder mucho más esclavizante que reinaba en sus corazones: el poder del pecado. Juan 12:12-19.

LIBRES DE VERDAD

– Vida en su Nombre 21 –

Los políticos profesionales saben muy bien lo que tienen que decir para que las multitudes les aplaudan. Son los que se sirven de las masas para satisfacer sus propios deseos de poder, de fama o de riqueza. Pero Jesús no busca meros simpatizantes, Él busca discípulos. Gente que se comprometa al cien por cien con Él y con su causa. Podríamos pensar que en este pasaje Jesús es muy duro con los religiosos y que se ha pasado un poco, o mucho en sus críticas. Pero no debemos olvidar que Él habla movido por el amor a ellos. Busca hacerlos reaccionar, que abran los ojos y vean la realidad del estado ruinoso de sus almas. Jesús, al igual que el buen médico, nos dice la verdad de la enfermedad que padecemos con la finalidad de que encontremos en Él el remedio que los sane. Sólo la Verdad nos hace libres. ¿Has encontrado tú la auténtica libertad? Juan 8:31-59.

JESÚS, EL DESEADO DE LAS NACIONES

En el pasaje de la epístola a los filipenses que estudiamos hoy, podemos encontrar nuestra identidad como pueblo de Dios. Pablo nos hace dos llamados al principio del mismo: gozaos y guardaos. Desgraciadamente en el mundo globalizado en el que vivimos es muy fácil caer en manos de «malos obreros» o gente que enseña doctrinas totalmente apartadas de la pureza del Evangelio original. Dios, por boca del «apóstol a los gentiles» nos zarandea cariñosamente para recordarnos la importancia de permanecer en el único y verdadero Evangelio entregado por Jesús mismo a sus apóstoles. Filipenses 3:1-14.

JESÚS, NUESTRO DESCANSO

Estamos rodeados de personas cansadas y cargadas por muchas situaciones: enfermedades, remordimientos, pérdidas, depresiones, ansiedad, angustia por lo que nos traerá el mañana y cosas semejantes. Pero en el pasaje que hoy estudiaremos Jesús nos hace una revelación. Lo que en realidad nos carga no son las circunstancias difíciles que vivimos, sino la lejanía de Dios. Por eso Él hace una invitación universal «Venid a mí, todos los que estáis trabajados y cargados y yo os haré descansar». ¿Es posible un auténtico descanso, una verdadera paz a pesar de los problemas que nos rodean y nos acosan? Mateo 11:28-30.

JESÚS DE NAZARET: LA MISIÓN DEL MESÍAS

Con toda seguridad el mensaje central de toda la Biblia es la salvación que Dios ha provisto para nosotros, pecadores, a través del sacrificio de Jesús, el Mesías anunciado por los profetas. Lucas nos lleva al momento exacto en que Jesús estuvo en el pueblo donde se crió y anunció que la profecía de Isaías se había cumplido. En su lectura en la sinagoga aquel sábado Jesús, usando el capítulo 61 de Isaías, les anuncia a sus familiares, conocidos y vecinos que en Él se había cumplido esa profecía anunciada cientos de años antes por los profetas. En los primeros versículos de esta profecía se encuentra el corazón del mensaje anunciado por Jesús. Lucas 4:16-21.