EN EL PRINCIPIO 18 | EL AUTÉNTICO NOÉ

El relato bíblico del Diluvio es uno de los que siempre han suscitado más interés a lo largo de la Historia. Hoy lo analizaremos en base a cuatro imágenes que podrían servirnos para resumirlo y esquematizar su contenido. En la primera imagen llamada «La Creación revertida» contemplamos un enorme océano interminable coronado por un cielo oscuro cuajado de nubarrones negros. En la segunda, denominada «Un nuevo comienzo», admiramos una tierra renovada tras la inundación y un altar desde el que humea una ofrenda quemada que asciende al cielo enmarcado en un hermoso arcoíris. La tercera nos muestra la triste estampa de un Noé ebrio y se llama «Decepción». En la cuarta y última nos maravilla la contemplación de «El verdadero Noé» que instaura un tiempo nuevo de paz y justicia perdurables. Génesis 7:11-9:28.

EN EL PRINCIPIO 10 | LA CAÍDA 3

Nuestros primeros padres decidieron coser hojas de higuera para intentar tapar su desnudez. En lugar de confesar su pecado, prefirieron cubrir la miseria de su alma con inútiles harapos que solo les cubrían de vanagloria. De esta triste manera la culpa y la vergüenza dieron paso a la discordia culpándose unos a otros. Pero la justa indignación de Dios demandaba una compensación. En nuestro pasaje de hoy vemos la gloria de dos atributos de Dios que se complementan y no se contradicen en absoluto; su misericordia compasiva y su implacable severidad. Génesis 3:8-24.

ÉL TE DIRÁ LO QUE ES NECESARIO QUE HAGAS

La Biblia no nos oculta las debilidades de las personas que aparecen en ella. Así el pasaje bíblico que analizamos hoy nos muestra una debilidad en el carácter del apóstol Pedro. Él, al igual que cada uno de nosotros, tenía un ángulo ciego. Un fallo del que él mismo no era consciente. Pero el Espíritu de Dios actuó en él para enderezar lo torcido. El resultado fue la salvación de muchas personas y la apertura del Evangelio hacia los gentiles. Hechos 10:1-11:18.

CUÁN PRECIOSA ES TU MISERICORDIA

En este salmo encontramos un contraste entre la vida de los impíos y la de los justos, aquellos que han sido justificados por la gracia de Dios. Dios derrama abundantemente su gracia común sobre todos, justos e injustos, buenos y malos. Pero hay una gracia especial para el pueblo de Dios. Aquí podemos apreciar la gran misericordia del Señor. Salmo 36.