ENTRE DOS TIERRAS

Moisés dirige el mensaje de este capítulo a los que nacieron en el desierto después de que el pueblo saliera de Egipto. Eran los que iban a entrar en Canaán, los menores de 40 años. El mensaje encierra varias verdades fundamentales para ellos y para nosotros también hoy en día. La larga travesía por el desierto tuvo su razón de ser. Deuteronomio 5:1.

NO AMÉIS AL MUNDO

Nuestro mensaje de hoy no es un mensaje fácil, ni cómodo y seguramente despertará alguna inquietud en ti. Este mensaje tampoco puede ser entregado, ni comprendido, ni aceptado, ni vivido por aquellos que no han conocido a Jesucristo. Es un mensaje para un pueblo que ya ha sido elegido y salvado. 1 Juan 2:12-17.

GRAN TEMOR SOBRE TODA LA IGLESIA 2

Desgraciadamente muchos hoy día, incluidos algunos dentro de las propias iglesias, se han fabricado un dios a su imagen y semejanza. Para ellos, el Dios único y auténtico que se revela en la Biblia puede parecerles severo o incluso intolerante. Pero podemos estar completamente seguros de que esos ídolos que nos fabricamos al gusto de la época, no serán de ninguna ayuda en el día del Juicio que todos, más tarde o más temprano enfrentaremos. El auténtico Dios no puede ser domesticado. Hechos 5:1-11.

GRAN TEMOR SOBRE TODA LA IGLESIA

Lo relativo y lo transitorio invade todo nuestro mundo actual. Parece como que hoy todo sirve, todo vale si a ti te sirve, si a ti te vale. Pero como cristianos deberíamos preguntarnos, y a Dios ¿le sirve, le vale? Hoy veremos dos hechos en apariencia iguales y hasta piadosos, pero uno sí lo era, el otro en cambio iba lleno de veneno mortal. Hechos 4:32-5:11.

ENTRA Y VIVE

El conocido «Sermón del monte» es una extensa disertación acerca de la naturaleza del Reino de Dios. Tras hablar de muchos asuntos y después de establecer los estándares del Reino, Jesús hace una aplicación final: hay dos puertas y dos caminos, y el final de cada uno de ellos es muy distinto. ¿Qué puerta y qué camino elegirás tú? Mateo 7:13-14.

REFORMA Y AVIVAMIENTO 4

En el rey Ezequías comenzó un avivamiento que paulatinamente se fue transmitiendo, primero a los levitas y sacerdotes, y después a los príncipes y al resto del pueblo. Comenzaron así unas reformas que partiendo de Jerusalén se fueron extendiendo por todo el reino de Judá. Así el amor de ellos hacia Dios se manifestó en dos formas: diciendo no a todo lo que Dios prohíbe, y diciendo sí a todo lo que Él ordena. Esto fue así porque no hay auténtica adoración sin obediencia. Ellos experimentaron que cuando amamos a Dios «sus mandamientos no son gravosos.» 2 Crónicas 30:1-31:1.