RIQUEZAS Y CONTENTAMIENTO

Hay un asunto que parece puramente mundano, pero del que Jesús habló en bastantes ocasiones, y es el uso y el abuso de los bienes materiales. Para vivir una vida sabia que de verdad dé en el blanco de la voluntad de Dios, nos es imprescindibles aprender a honrar a Dios con las posesiones que hemos recibido de su mano generosa. Muchos piensan que el dinero y las riquezas son malas por sí mismas, pero no es así. De hecho la Biblia afirma que de Dios es el oro y la plata y que Él los concede a quien quiere, como quiere y cuando quiere. El problema no está en los bienes materiales, sino en cómo los usamos y qué lugar ocupan en nuestro corazón. El libro de Proverbios trata este asunto con bastante amplitud y haríamos bien en estar atentos a los sabios consejos que de él se desprenden. Proverbios 3:9.

PREPARANDO EL RELEVO

Tras ver a Elías en su día malo en el mensaje anterior, cuando se sentía derrotado, Dios le salió al encuentro en Horeb y allí lo restauró y le encomendó una nueva misión. Debía ungir a varios reyes y también establecer a su sucesor. Y Elías se puso de nuevo en camino para cumplir con su misión. Elías salió de Horeb por la fe, porque la auténtica fe siempre obra, tiene fruto que permanece. En el pasaje de hoy vamos a analizar cuatro rasgos de Elías: su fe activa que se demuestra en la obediencia, su alto concepto del llamado divino, su independencia emocional respecto al cargo y su humildad profunda que evita el control sobre los demás. El propósito final es motivarnos a desarrollar una devoción saludable, donde la fidelidad a la misión se combine con el desprendimiento personal y la centralidad absoluta de Dios. 1 Reyes 19:19-21.

JESÚS ES SUPERIOR

¿Qué has hecho con la Palabra de Dios que has escuchado y leído en este 2025? ¿Qué has hecho con los cientos de enseñanzas de la Palabra que has oído y leído en los últimos años? Escuchar con atención es importante, porque si no escuchamos la Palabra no tendremos la vida de Dios. Pero tras escuchar se hace imprescindible creer y actuar. Sin hechos la fe puede fácilmente limitarse a ser una acumulación de conocimientos, como se acumulan los libros en una biblioteca. Si nadie los lee, no sirven de nada. Igualmente, si no ponemos por obra lo que aprendemos, la enseñanza se queda en un mero conocimiento teórico que no aprovecha para nada. Israel no entró en el reposo por no ir la Palabra acompañada de fe en los que la oyeron. Lo mismo nos puede ocurrir a nosotros. Hebreos 4:12-16.

EL HACEDOR DE MILAGROS

La experiencia cristiana es una experiencia milagrosa. Debemos abrazar la verdad del Evangelio transmitido en la Palabra de Dios, pero nuestra experiencia no puede ser exclusivamente un conocimiento teórico, sino que es imprescindible experimentar además el poder de Dios que nos transforma desde el interior. Si el Espíritu Santo no actualiza y aplica los beneficios que Jesús conquistó para nosotros, no sirve de nada tener la cabeza llena de conocimiento. Si no hemos experimentado una metamorfosis, si el poder de Dios no nos ha alcanzado, si no hemos sentido lo que es el nuevo nacimiento, ese conocimiento será sólo un conjunto de datos almacenados en nuestra cabeza, como podrían estar almacenados en un libro. Pero el Dios vivo actúa en aquellos que han sido vivificados por el Espíritu Santo. Él actúa en nuestras vidas y hace maravillas diariamente en nosotros. Puede que algunas no parezcan espectaculares, pero de tanto en tanto tenemos un vislumbre de los poderes del siglo venidero que ya están invadiendo nuestro mundo actual.

EL TEMOR DE DIOS Y EL COMPROMISO CON LA PALABRA

La nación de Israel estaba pasando una crisis espiritual muy profunda, eran días de apostasía. Bajo el reinado de Acab y Jezabel no sólo se toleró el culto a Baal sino que llegó a ser el culto oficial de la corte real. La adoración al Dios de Israel fue así orillada y despreciada, hasta tal punto, que los profetas de Dios fueron perseguidos y asesinados impunemente. Elías había profetizado una sequía que trajo un tiempo de hambre y escasez extremas. Esa sequía demostraba que Baal sólo era una superstición, un culto falso. Pero hubo un hombre en la corte del rey al que Dios levantó con un espíritu de celo y valentía por la fe de Abraham, Isaac y Jacob. Abdías, un alto funcionario de la corte escondió a cien profetas de Jehová en cuevas y los sustentó con pan y agua desafiando así la autoridad del rey. Hoy vamos a estudiar dos rasgos sobresalientes de este hombre que escogió servir y obedecer a Dios antes que a los hombres. 1 Reyes 18:1-16.

La oración y la regla de oro

El mensaje de hoy se centra en el poder y la gracia de la oración, tomando como base las palabras de Jesús en Mateo 7:7-11 sobre pedir, buscar y llamar. Se explica que esta invitación divina revela la necesidad humana de la ayuda y guía del Espíritu Santo. Además, se enfatiza la inmensa bondad de Dios como Padre celestial, quien siempre dará cosas buenas a sus hijos. Finalmente, el pastor conecta la recepción del amor de Dios con el llamado a practicar la regla de oro, tratando a los demás como quisiéramos ser tratados, reflejando así el Evangelio que ha transformado y sigue transformando nuestras vidas cada día.

DIOS EN MI AYER, HOY Y MAÑANA

El apóstol Pedro nos presenta la base de la fe cristiana en los primeros versículos de su primera carta. Usa una fórmula trinitaria para mostrarnos cómo Dios actuó ya en nuestro pasado, actúa en nuestro presente y seguirá actuando en nuestro futuro. Esta verdad nos consuela y nos llena de esperanza y seguridad al comprobar el amor y el cuidado que el Padre tiene hacia sus hijos. Hoy analizamos estas cuestiones y también abordaremos otros asuntos relativos a la fe y a la vivencia de esa fe que decimos tener. ¿Cómo podemos estar seguros de que nuestra fe es la auténtica que salva? ¿Hay una fe que puede ser correcta doctrinalmente, pero inservible en la práctica? ¿Cuál es la prueba de que nuestra fe es correcta bíblicamente hablando? 1 Pedro 1:3-5.

DIVERSIDAD Y CRECIMIENTO EN LA UNIDAD

La unidad orgánica de la Iglesia es una realidad que Dios mismo se encarga de crear y mantener. No obstante, unidad no es igual a uniformidad. Al igual que Dios es uno, pero en Él hay una pluralidad de personas; la Iglesia también es una con una diversidad que la enriquece y completa. Cada hijo de Dios ha recibido algún don espiritual, un regalo recibido por gracia, que debe ser utilizado para la edificación mutua. Cristo reparte esos dones como Él quiere y a quien Él quiere en el ejercicio libre y sabio de su soberanía. Cada miembro del Cuerpo debe conocer y usar los dones que ha recibido con un espíritu de entrega y amor a sus hermanos en Cristo. Si quieres saber cuál es tu don, comienza a actuar en fe y en humildad en medio del Cuerpo, y pronto será evidente para todos cuál es ese don que has recibido del Señor. Efesios 4:1-16.

GUARDA LA UNIDAD DEL ESPÍRITU

La unidad, aunque es una realidad orgánica ya consumada en Cristo, requiere un esfuerzo activo («solícitos en guardar la unidad») por parte de los creyentes. Entramos a considerar las virtudes necesarias para mantener esta unidad: humildad, mansedumbre, paciencia y amor, contraponiéndolas al individualismo y al orgullo. Además, se describe la unidad mediante siete realidades inmutables compartidas por todos los auténticos creyentes: un cuerpo, un espíritu, una esperanza, un Señor, una fe, un bautismo, y un Dios y Padre de todos. El propósito es exhortar a la congregación a vivir una vida congruente con su identidad en Cristo, superando las divisiones y cultivando un amor genuino para reflejar la unidad que hay en Dios mismo. Efesios 4:1-6.

PERMANECED EN MÍ (Y YO EN VOSOTROS)

– Vida en su Nombre 37 –

¿Cuál es la clave para vivir una vida fructífera y llena de propósito? ¿Cómo podemos experimentar la presencia viva de Cristo en nuestra vida diaria a través de Su Palabra? En el texto de hoy vamos a analizar una advertencia, un mandamiento y una promesa. Jesús usa la metáfora de la vid y los pámpanos para explicar la relación orgánica y trascendental que existe entre Él y sus discípulos. Jesús nos muestra que esa unión es vital para que sus amigos sean fructíferos. Nos llama a no angustiarnos por conseguir los frutos de la nueva vida, ya que estos llegarán como algo natural mientras permanezcamos unidos a la vid. Juan 15:1-17.