LA ORACIÓN, OXÍGENO ESPIRITUAL
Al igual que nuestro cuerpo necesita el oxígeno para vivir, de igual manera nuestro espíritu necesita la oración para subsistir, crecer y desarrollarse. Vemos en el pasaje de hoy, que Jesús tenía una intensa y habitual vida de oración, para lo cual solía apartar las primeras horas del día. No sólo buscaba la ocasión, sino que también buscaba el lugar adecuado. Por eso solía apartarse a lugares desiertos, tranquilos, fuera de los ruidos y las distracciones propias de la vida. Él es nuestro mayor y mejor ejemplo en cuanto a la oración. Jesús, siendo Dios, también era hombre y por eso su tiempo de oración era algo prioritario para Él. Marcos 1:35-39.



