CUIDADO CON EL ORGULLO, LA IMPACIENCIA Y LA RELAJACIÓN

Somos muy conscientes de la necesidad que tenemos de la ayuda de Dios, de la paz que viene de Él y de la seguridad necesaria para enfrentar los desafíos de la vida. La palabra de hoy está encaminada a proveernos de estos recursos si la aplicamos a nuestra vida, a nuestras decisiones diarias y a nuestra cosmovisión. Dios, a través del apóstol Pedro, nos llama a combatir tres debilidades del carácter que nos roban la paz y nos apartan de la comunión con Dios: el orgullo, la impaciencia y la indolencia. 1 Pedro 5:1-11

DESENMASCARANDO Y CONDENANDO EL PECADO

Elías, un hombre a contracorriente 7 – Desenmascarando y condenando el pecado – 1 Reyes 21:17-29 – Israel Sanz

¿Te atreverías a escuchar una verdad que muchos preferirían arrancar de las páginas de la Biblia?. En este impactante mensaje de la serie «Elías, un hombre a contracorriente», analizamos el enfrentamiento definitivo entre el profeta Elías y el rey Acab tras el infame episodio de la viña de Nabot. Asistiremos a una confrontación directa con la justicia divina. Descubriremos a un Dios que no es un «osito de peluche», sino un guerrero que se «pinta la cara de guerra» ante la injusticia y la opresión. Hoy explicamos cómo el pecado es, en realidad, una provocación que pone inflama la justa ira divina. Y aprenderemos que el pecado es una provocación directa a la santidad de Dios que sólo puede remediarse mediante el arrepentimiento y la fe en Cristo.

LÁGRIMAS

– Vida en su Nombre 46 –

Pedro amaba sinceramente a Jesús, y cuando este le anunció que en pocas horas le iba a negar, Pedro aseguró vehementemente que él nunca lo haría. Pero todos conocemos la historia y cómo Pedro tuvo que derramar amargas lágrimas por su traición. Y es que la soberbia nos lleva a creer que somos mucho más fuertes, mucho más nobles y mucho más leales de lo que realmente somos. Pero el Señor nos conoce, con nuestras debilidades, con nuestras inconsistencias, con nuestras soberbias y con nuestra falta de integridad. Y aun así, nos sigue amando, nos sigue llamando, nos sigue restaurando y nos sigue levantando cuando hemos caído en el más triste y lamentable de los pecados. Admiremos hoy a Jesús amando y restaurando a nuestro hermano Pedro, cuando fue tan débil como cualquiera de nosotros. Juan 18:15-27.

GUARDA LA UNIDAD DEL ESPÍRITU

La unidad, aunque es una realidad orgánica ya consumada en Cristo, requiere un esfuerzo activo («solícitos en guardar la unidad») por parte de los creyentes. Entramos a considerar las virtudes necesarias para mantener esta unidad: humildad, mansedumbre, paciencia y amor, contraponiéndolas al individualismo y al orgullo. Además, se describe la unidad mediante siete realidades inmutables compartidas por todos los auténticos creyentes: un cuerpo, un espíritu, una esperanza, un Señor, una fe, un bautismo, y un Dios y Padre de todos. El propósito es exhortar a la congregación a vivir una vida congruente con su identidad en Cristo, superando las divisiones y cultivando un amor genuino para reflejar la unidad que hay en Dios mismo. Efesios 4:1-6.

LA PODA

– Vida en su Nombre 38 –

Hoy nos centramos en los dos primeros versículos del capítulo 15 del Evangelio de Juan. Entraremos a analizar la metáfora que Jesús utilizó al hablar de la vid y los pámpanos para explicar la relación entre Dios y los hijos del Reino. El viticultor sabe que para que una viña dé buenos frutos es imprescindible realizar una poda bastante profunda de manera regular. El mensaje se centra en la promesa expresada en la verdad de que los discípulos de Jesús llevarán fruto. El énfasis principal se coloca en esa promesa, que se interpreta como la poda divina: un proceso doloroso pero necesario mediante el cual Dios, actuando como el experto viticultor, elimina aquello que impide un mayor crecimiento espiritual para que el hijo de Dios pueda dar más fruto para su gloria. Juan 15:1-2.

JESÚS Y LAS CAUSAS PERDIDAS

En el mensaje de hoy veremos a dos personas muy distintas, pero ambas necesitaban desesperadamente algo de Jesús. Por un lado un hombre rico, prominente, respetado y muy religioso que tenía un importante trabajo en la sinagoga de Capernaum. Por otro lado, una mujer despreciada por padecer una enfermedad incurable que la hacía impura socialmente. Alguien que había gastado todo lo que tenía en médicos, pero no le había servido de nada, sino para perder todo su dinero, de manera que estaba totalmente arruinada. Por su parte el hombre, tenía a su hija muy enferma y estaba agonizando cuando llegó hasta Jesús. Lo que él no sabía es que mientras buscaba a Jesús, su hija ya había fallecido. Eran dos causas perdidas para este mundo. Pero ambos acudieron a Jesús y sus vidas cambiaron radicalmente. Como tu vida también podría hoy cambiar de manera esencial y definitiva si acudes a Jesús en humildad y fe como ellos hicieron. Marcos 5:21-43.

EL DIOS SIERVO

– Vida en su Nombre 31 –

Jesús lavó los pies de sus discípulos antes de aquella última cena de Pascua. ¿Qué quiso Jesús enseñarles a ellos y a nosotros con este gesto cargado de simbolismos? Ellos no entendieron lo que Jesús hacía. No captaron el significado profundo y absolutamente espiritual de este hecho que los dejó atónitos. Para el mundo, los principales, los importantes, los que están arriba en la cadena de mando son los que reciben el servicio y los honores de sus subordinados. Pero Jesús, nuevamente nos sorprende con principios totalmente distintos a los de nuestro mundo. Él, que es el Maestro y el Señor, el Alto y Sublime que habitaba la eternidad, el Creador de toda vida y la Luz misma que nos alumbra, Él tomó la forma del más bajo y menos importante de todos los siervos de una casa, para hacer el trabajo que nadie quería hacer. Abramos nuestra mente y nuestro corazón para comprender las lecciones eternas que este gesto tuvo y tiene para cada hijo de Dios. Juan 13:1-20.

NO TEMAS, ALÉGRATE MUCHO

– Vida en su Nombre 28 –

“¡Mirad, el mundo se va tras él!”, dijeron los fariseos. El gentío de agolpaba a la entrada de Jerusalén portando ramas de árboles y palmas que ponían a modo de alfombra para que pasase Jesús, quien venía subido en un asno. Los fariseos respiraban odio contra el Maestro y su envidia tramaba planes homicidas contra Él. La multitud se dejaba llevar por sus deseos de liberación del pesado yugo romano y lo expresaban con gritos de júbilo. Sin embargo Jesús venía con un plan muy superior porque no pretendía librarlos del poder de Roma, sino del poder mucho más esclavizante que reinaba en sus corazones: el poder del pecado. Juan 12:12-19.

ESTIRADOS, DE PERFIL, DE RODILLAS

– Vida en su Nombre 22 –

Jesús se cruza en su camino con un mendigo ciego de nacimiento y fija su mirada en él. Los discípulos le hacen una pregunta errónea. Jesús realiza un portento que deja perplejos a todos los presentes. En este relato encontramos tres tipos de personas que reaccionan de tres formas distintas ante el poder evidente de Dios. Los religiosos rechazan a Jesús con rabia nada encubierta. Los padres del ciego se desmarcan y no quieren problemas. Otros en cambio, tienen un corazón creyente abierto a Jesús. ¿En qué grupo estarías tú? ¿Con quiénes te sientes más identificado? Juan 9:1-41.

DISCORDIA

– Vida en su Nombre 17 –

Jesús hace frente a los que se acercan a Él con una mente carnal, mundana, entre los cuales estaban sus propios hermanos. Todos nosotros nacemos con una semilla de rebeldía contra Dios en nuestros corazones. Es un orgullo que nos lleva a querer ser autónomos, independientes, los capitanes de nuestra vida y de nuestras decisiones. De lo que no nos damos cuenta es que al dejarnos llevar por esos instintos estamos poniéndonos, consciente o inconscientemente del lado del sistema anticristo. Nuestra naturaleza caída nos arrastra a la desobediencia a Dios y levantamos el puño en contra de su autoridad legítima sobre nosotros. Fuimos creados para escuchar sintonías celestiales, pero el corazón no arrepentido nos impide escucharlas. Sí, algunos venían y vienen a Jesús, pero no lo hacen con la actitud correcta. A quienes se le acercan con sinceridad y queriendo conocerle genuinamente Jesús les declara: “El que a mí viene, yo no le echo fuera.” Juan 7:1-24.