INTRODUCCIÓN 3 – LOS DESTINATARIOS

Esta tercera y última parte de la introducción se centra en los destinatarios, aquellos llamados a ser de Jesucristo mediante un llamamiento eficaz y soberano que establece una unión íntima y vital con Él, comparable al vínculo matrimonial. Además, Pablo los identifica como el verdadero pueblo de Dios, sus «amados» y «santos», quienes son objeto del hesed o amor leal y eterno del Señor. Finalmente, los presenta como las personas más bendecidas de la tierra por poseer la gracia y la paz de Dios, un favor inmerecido y un bienestar integral que les sostiene incluso ante las pruebas más oscuras, como las persecuciones en la Roma de Nerón. Por ello, se nos exhorta a estar atentos y expectantes, siendo diligentes en la meditación y la oración para que estas verdades «ardan en el pecho» y produzcan una transformación real, dándonos fe y fortaleza nueva para vivir conforme a la Palabra de Dios. Romanos 1:1-7.

LA RAÍZ DE LA INGRATITUD

Es muy fácil acostubrarse a las bendiciones cotidianas de Dios y empezar a menospreciarlas. La ingratitud nos ciega ante el cuidado de Dios y despierta un descontento continuo. Al enfrentar dificultades o desiertos en la vida de fe, existe la tentación de mirar atrás y extrañar aspectos de la vida sin Dios o del estilo de vida antiguo. Recordar el pasado sin su verdadero contexto de esclavitud o pecado puede llevar al estancamiento espiritual. Vivimos en una sociedad de consumo que empuja a confundir deseos con necesidades reales. La enseñanza bíblica invita a cultivar el contento y a valorar la provisión diaria de Dios por encima del apetito desmedido. Números 11:4-6.

EL TRIUNFO DEL SIERVO

En la profecía mesiánica de Isaías en los capítulos 52 y 53 de su libro vemos tres imágenes que describen lo que está por ocurrir en el plan redentor de Dios. Son como un tríptico de nos muestra la obra perfecta del Siervo del Señor. En uno vemos su exaltación hasta lo sumo al ser prosperado y triunfar en sus santos propósitos. En otro vemos su profunda humillación hasta el punto de estar completamente desfigurado. En el tercero, vemos como alcanza a las naciones y las gana para sí en esta bendita misión que el Padre le encomendó. Contemplemos la belleza y la perfección de este Siervo que, aunque destrozado por el juicio divino, a la vez se levanta victorioso sobre todos sus enemigos. ¿Cómo son posibles ambas cosas? ¿No parecen una contradicción? Abre tus ojos en asombro y contempla perfecta obra de la salvación. Isaías 52:13-53:12

CONFÍA EN EL PLAN

Cuando analizamos la vida de José, el hijo de Jacob, podemos ver cómo Dios va trabajando en él desde joven. Dios tenía un plan con él para su propio beneficio y para bendición de muchos otros. Nosotros hacemos planes, pero Dios también hace los suyos y nosotros formamos parte de ellos. De manera misteriosa y sorprendente, Dios hace que ambos planes, los nuestros y los suyos, se vayan entrelazando y coordinando para que finalmente su voluntad sea hecha en la tierra, como se hace en el cielo. En el proceso vamos aprendiendo que la providencia divina usa todo lo que vivimos, todo lo que sucede para adelantar sus planes de bien para nosotros y para sus santos propósitos. Haríamos bien en no tomar demasiado en serio nuestros planes, porque siempre el plan de Dios será mucho mejor. Génesis 50:15-22.