INTRODUCCIÓN 3 – LOS DESTINATARIOS

Esta tercera y última parte de la introducción se centra en los destinatarios, aquellos llamados a ser de Jesucristo mediante un llamamiento eficaz y soberano que establece una unión íntima y vital con Él, comparable al vínculo matrimonial. Además, Pablo los identifica como el verdadero pueblo de Dios, sus «amados» y «santos», quienes son objeto del hesed o amor leal y eterno del Señor. Finalmente, los presenta como las personas más bendecidas de la tierra por poseer la gracia y la paz de Dios, un favor inmerecido y un bienestar integral que les sostiene incluso ante las pruebas más oscuras, como las persecuciones en la Roma de Nerón. Por ello, se nos exhorta a estar atentos y expectantes, siendo diligentes en la meditación y la oración para que estas verdades «ardan en el pecho» y produzcan una transformación real, dándonos fe y fortaleza nueva para vivir conforme a la Palabra de Dios. Romanos 1:1-7.

AMADOS PARA AMAR

El apóstol Juan, conocido como el apóstol del amor, nos habla en esta carta de un tipo especial de amor que el mundo no ha conocido y no puede entender porque no lo ha experimentado. Juan puede testificar de este amor porque lo ha vivido de manera personal con Jesús mismo. De hecho, el término amor (ágape en griego) aparece en sus escritos unas ochenta veces, mucho más que en los escritos de cualquier otro discípulo. De ser conocido, junto con su hermano Jacobo (Santiago), como los “hijos del trueno” por su carácter temperamental e impulsivo, Juan experimentó una profunda transformación al convivir con Jesús y al experimentar este tipo diferente de amor divino. ¿Y tú, conoces de manera personal el amor ágape de Dios? 1 Juan 4:7-21.

PAZ A VOSOTROS

– Vida en su Nombre 50 – Paz a vosotros

Este mensaje, basado en un evento bíblico ocurrido la misma noche del domingo de resurrección, nos transporta a una habitación donde los discípulos de Jesús se encuentran ocultos, atemorizados por el mundo exterior y torturados por una profunda decepción y mala conciencia tras haber fallado a su Maestro. En ese búnker de preocupación y angustia, con las puertas cerradas y el alma agobiada, los discípulos se enfrentan a dos temores monumentales: el temor a Dios por sus errores y el temor al odio de un mundo hostil. ¿Te resulta familiar esta lucha interna? Si estás buscando una salida a tus propios «monstruos y fantasmas» que te visitan al despertar, o si el mundo te intimida y te sientes débil, este mensaje es para ti. Descubre cómo estas verdades pueden dinamitar temores y hacerte percibir la sonrisa de Dios sobre tu alma, permitiéndote encarar la vida con una nueva convicción. ¿Estás listo para dejar atrás el miedo y abrazar tu verdadero propósito? Juan 20:19-23.

NO SEAS INCRÉDULO, SINO CREYENTE

– Vida en su Nombre 49 – No seas incrédulo, sino creyente

Los discípulos estaban destrozados tras la muerte de Jesús. Sentían que sus esperanzas se habían truncado de repente. A pesar de conocer las Escrituras, a pesar de haber estado con Jesús, a pesar de todos los prodigios que vieron y a pesar de que el Señor había anunciado su resurrección en varias ocasiones, cuando vieron la tumba vacía, todos pensaron que alguien se había llevado el cuerpo. Incluso cuando algunas mujeres y varios discípulos afirmaban haber visto vivo a Jesús, ellos no lo creyeron. Pero si alguno de nosotros hubiéramos estado allí, seguro que también habríamos caído en el mismo estado de incredulidad. Por eso, las palabras de Jesús tras su resurrección siguen resonando hoy: «Bienaventurados los que no vieron y creyeron». Juan 20:1-20, 24-31.

DIOS EN MI AYER, HOY Y MAÑANA

El apóstol Pedro nos presenta la base de la fe cristiana en los primeros versículos de su primera carta. Usa una fórmula trinitaria para mostrarnos cómo Dios actuó ya en nuestro pasado, actúa en nuestro presente y seguirá actuando en nuestro futuro. Esta verdad nos consuela y nos llena de esperanza y seguridad al comprobar el amor y el cuidado que el Padre tiene hacia sus hijos. Hoy analizamos estas cuestiones y también abordaremos otros asuntos relativos a la fe y a la vivencia de esa fe que decimos tener. ¿Cómo podemos estar seguros de que nuestra fe es la auténtica que salva? ¿Hay una fe que puede ser correcta doctrinalmente, pero inservible en la práctica? ¿Cuál es la prueba de que nuestra fe es correcta bíblicamente hablando? 1 Pedro 1:3-5.

CÓMO ENFRENTAR LOS PROBLEMAS BÍBLICAMENTE

Todos queremos ser felices y pensamos que la felicidad consiste en que todas las cosas nos vayan bien, tal y como hemos deseado y planeado. Nos imaginamos un guión de nuestra vida feliz, pero más pronto que tarde descubrimos que la vida no se desarrolla como habíamos fantaseado. Sin embargo, la Escritura nos enseña que podemos vivir una vida plena y llena de gozo en medio de circunstancias muy diferentes, y a veces, muy adversas a lo que habíamos proyectado. Hoy veremos cómo el apóstol Pablo supo ver la providencia de Dios en su vida en todas las circunstancias y eventos que vivió, incluido el estar injustamente encarcelado por causa de Jesucristo y de su Evangelio. Tanto él, como otros que son mencionados en este mensaje nos muestran un camino mejor, una senda segura para alcanzar la tan ansiada felicidad. Filipenses 1:12-18.

VIDA EN EL ESPÍRITU

¿Qué significa vivir «conforme al Espíritu» y cómo se diferencia de una vida «conforme a la carne»? ¿Es posible ser un «cristiano carnal» o esta idea es una contradicción? ¿Cómo podemos tener la seguridad de nuestra salvación y qué papel juega el Espíritu Santo en este asunto? Podemos cometer dos errores antagónicos con respecto a nuestra seguridad de salvación. Podemos vivir con miedo e inseguridad temiendo todo el tiempo que vamos a perder nuestra salvación. Pero también podemos caer en el otro extremo y vivir despreocupadamente con una falsa idea de la gracia de Dios. Romanos 8:1-11.

NO SE TURBE VUESTRO CORAZÓN

– Vida en su Nombre 33 –

Tras la cena de Pascua Jesús transmite al grupo de los doce unas verdades que van a ser cruciales durante los próximos días, cuando todos ellos huirán y le abandonarán. Serán días de una profunda tristeza y amargura, que los dejarán completamente perplejos y muchos de ellos sentirán las dentelladas de la duda que el Enemigo intentará instalar en sus almas. Jesús lo sabe, por eso quiere prepararlos para los momentos durísimos que van a vivir. ¿Cómo podemos encontrar paz cuando estamos viviendo en medio de un torbellino de emociones negativas y tristes? ¿Cuál es la receta para salir de la desesperación y de la falta de esperanza? ¿Dónde acudir cuando todo nuestro mundo parece deshacerse como un azucarillo en un bebida caliente? En esos días de incertidumbre y temores, Jesús se nos acerca para darnos estas verdades, como lo hizo con sus discípulos justo antes de que llegase el aparente triste final de todo. Juan 14:1-11.

SÓLO EN CRISTO HAY SALVACIÓN

Todos sabemos que un día moriremos, pero pocas veces nos paramos a pensar en lo que esto realmente significa. ¿Estás preparado que ese día? ¿Hay paz en tu alma en cuanto a cuál será tu destino eterno? Esa es la inquietante pregunta que bullía en el pecho de un joven muy pudiente, un hombre influyente y reconocido a pesar de su juventud, que un día vino a Jesús corriendo y se postró a sus pies. A pesar de todos los bienes que poseía, a pesar de tener una posición social de reconocimiento, a pesar de ser joven, sano, un auténtico «influencer» de su época, no había paz en su corazón porque sabía en lo más íntimo de su ser que no tenía lo suficiente, que no era lo suficiente, que el faltaba algo fundamental para alcanzar la vida eterna. ¿Y tú, tienes paz y seguridad en cuanto a este asunto tan transcendental? Lucas 18:18-30.

DOS TIPOS DE FE

Hoy se pondera el individualismo y se afirma que hay muchas verdades, tantas como individuos. Pero la Palabra de Dios nos muestra claramente y de forma insistente que sólo hay una Verdad y que la fe que nos salva y nos conduce a la vida eterna es también sólo una. Hechos 8 nos presenta dos tipos de fe. Por un lado, la de Felipe y los que habían salido de Jerusalén en la persecución, y por otro la de Simón el mago. ¿Qué las diferencia? ¿Cómo podemos estar seguros de que nuestra fe es para salvación y no una fe vana y falsa? Hechos 8:4-25.