CUIDADO CON EL ORGULLO, LA IMPACIENCIA Y LA RELAJACIÓN

Somos muy conscientes de la necesidad que tenemos de la ayuda de Dios, de la paz que viene de Él y de la seguridad necesaria para enfrentar los desafíos de la vida. La palabra de hoy está encaminada a proveernos de estos recursos si la aplicamos a nuestra vida, a nuestras decisiones diarias y a nuestra cosmovisión. Dios, a través del apóstol Pedro, nos llama a combatir tres debilidades del carácter que nos roban la paz y nos apartan de la comunión con Dios: el orgullo, la impaciencia y la indolencia. 1 Pedro 5:1-11

DIOS EN MI AYER, HOY Y MAÑANA

El apóstol Pedro nos presenta la base de la fe cristiana en los primeros versículos de su primera carta. Usa una fórmula trinitaria para mostrarnos cómo Dios actuó ya en nuestro pasado, actúa en nuestro presente y seguirá actuando en nuestro futuro. Esta verdad nos consuela y nos llena de esperanza y seguridad al comprobar el amor y el cuidado que el Padre tiene hacia sus hijos. Hoy analizamos estas cuestiones y también abordaremos otros asuntos relativos a la fe y a la vivencia de esa fe que decimos tener. ¿Cómo podemos estar seguros de que nuestra fe es la auténtica que salva? ¿Hay una fe que puede ser correcta doctrinalmente, pero inservible en la práctica? ¿Cuál es la prueba de que nuestra fe es correcta bíblicamente hablando? 1 Pedro 1:3-5.

NUESTRA IDENTIDAD EN DIOS

A nadie se le escapa que vivimos en una época de una fuerte crisis de identidad en gran parte de la población. Nuestro mundo cambia a un ritmo vertiginoso y especialmente los más jóvenes son los más vulnerables a las ideas imperantes que afirman que uno puede decidir en cualquier momento quien es y lo que es. Hoy eres hombre, pero mañana podrías ser mujer, incluso ser de un tercer o cuarto género que tú mismo crees. Se pretende que el patrón binario hombre-mujer desaparezca y esto está creando unas crisis de identidad de terribles consecuencias. Pero la Palabra de Dios nos muestra la verdad, que aunque nos pueda parecer incómoda, es la que finalmente nos libera. Fuimos creados con un propósito y cuando comprendemos el diseño de Dios para nosotros, entonces es cuando podemos de verdad alcanzar la realización y la felicidad que todos anhelamos fervientemente. 1 Pedro 2:9.

MUERTOS AL PECADO, VIVOS PARA DIOS

Hay una versión aguada, descafeinada del Evangelio, de una gracia barata, diluida y completamente falta de poder. En el pasaje en el que hoy meditamos aparece una solemne verdad que es el corazón mismo del Evangelio: Jesús mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz. El Justo, el Impecable murió, pero además también vivió por nosotros, cumpliendo así con toda justicia las demandas de la Ley divina. Pero además también nos enseña que el pecado no nos dominará más. ¿Tienes un deseo sincero de ser santo, de obedecer perfectamente al Padre en todo? El Evangelio no solo nos declara justos, sino que también pretende hacernos justos.
1 Pedro 2:24-25

LA ESPERANZA DE NUESTRA HERENCIA

29En medio de la adversidad, las pruebas y la enfermedad es fácil que bajemos la mirada de nuestro Señor a las circunstancias, a lo que nos rodea y así perdamos la perspectiva divina y desesperemos. Pedro escribe su primera carta a una iglesia que está siendo perseguida a causa de su fe. Han tenido que salir de su país, de su tierra (son expatriados) y están dispersos por diferentes lugares. Pueden ser extraños en este mundo, pueden ser rechazados, perseguidos y expatriados, pero hay un lugar al que pertenecen, y hay un mundo en el que encajan. Además hay una herencia que recibirán y en ella estará todo lo que Dios les ha prometido y provisto en Cristo. ¿Cuál es esa herencia? ¿Cuál fue el motivo por el cual Dios los salvó? ¿Por qué les dio esa herencia?
1 Pedro 1:3-5

FIELES EN UN MUNDO HOSTIL

Comienza un nuevo curso y muchos jóvenes y no tan jóvenes se incorporan estos días a las aulas. Hoy estudiaremos tres marcas vitales en los auténticos discípulos y también oiremos tres consejos apostólicos a la hora de encarar un nuevo curso escolar. Pero atención que el mensaje no es exclusivamente para los estudiantes, porque todos nosotros enfrentamos a diario situaciones en las que nuestra fe es puesta a prueba igualmente. 1 Pedro 3:13-16.

LA PERSEVERANCIA DE LOS SANTOS

La vida cristiana es difícil. Tristemente está llena de incongruencias, hipocresías y desilusiones. Algunos que un día estuvieron con nosotros alabando y sirviendo a Dios, de repente abandonan la fe. ¿Por qué? ¿Podrán ser el pecado y la maldad tan fuertes como para resistir el poder del Evangelio? ¿Será que el mundo tiene el poder para arrastrarnos fuera de la gracia de Dios y arrojarnos a las garras del pecado? ¿Podemos perder la salvación si dejamos de esforzarnos y crecer en obediencia? Hoy abordaremos estas y otras cuestiones similares. 1 Pedro 1:3-5.

POR LA RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO

El apóstol Pedro dirige su carta a los cristianos que se encuentran dispersos por varios lugares del Imperio Romano. A los que viven como extranjeros y peregrinos por causa de la persecución. Y Pedro en seguida comienza a hablarles de la resurrección corporal de Jesús. Y es que este hecho histórico es la piedra angular del Cristianismo. La resurrección evidencia que el Padre había aceptado la ofrenda vicaria de Cristo. La resurrección es el «Amén» del Padre al «Consumado es» del Hijo. 1 Pe. 1:3-9.

BUENAS RAZONES PARA VIVIR EN SANTIDAD

En los momentos de dificultad, de persecución o de tribulación, no es tiempo para descansar o intentar evadirnos. Es precisamente en esos momentos cuando más necesitamos predicarnos a nosotros mismos el Evangelio de la salvación. Las verdades poderosas de la Palabra son para todos y cada uno de los días de nuestra vida. El Evangelio me salvó cuando creí por primera vez, me salva cada día y me salvará final y definitivamente en el futuro. 1 Pedro 1:1-17.

MENSAJE CULTO 50 ANIVERSARIO

Este año nuestra iglesia, fundada por el pastor Antonio Gómez, cumple ya 50 años. El sábado 30 de septiembre tuvimos un culto conmemorativo y este es el mensaje que compartió nuestro hermano el pastor Pedro Blois, basado en la Primera epístola del apóstol Pedro. 1 Pe 2:4-10.